.:: Juventud Católica Paulina ::.

Sección Biblia
CHAV@S
¿sabías qué?


El universo se sostiene sobre muchas cosas especialmente una de ellas que lo sostiene y lo ha llevado por muchos siglos adelante, es la sagrada Escritura, la Biblia.
Pueden existir muchas biblias, demasiadas versiones, sin embargo, todas en su mayoría su mensaje es el mismo; el plan de salvación de parte de Dios para la humanidad.
¿Has leído alguna vez la Biblia?
¿No, sabes cómo?
¿Te gustaría leer la Biblia, comprenderla, discernirla, descubrir a los grandes profetas y más aventuras?
¿Qué esperas?
¡Contáctanos y nosotros te apoyamos!
Además, te recomendamos escuchar nuestros contenidos en radio y seguir consultando nuestra página.
Te sugerimos Biblia para jóvenes.

Nota: en este espacio que se visualice la siguiente página:
Rectángulo redondeado: www.bibliaparajóvenes.org 

 


… Continúa sección Biblia.

 

El arte de la palabra
La Biblia como literatura


La Biblia es un conjunto de escritos santos, inspirados por Dios y el fundamento de la fe para cuantos creen en Dios. Por ello, es un libro de la humanidad, abierto para todos y que todos deben aprender a conocer, por lo menos bajo el aspecto histórico, como literatura o como libro religioso de los judíos en su primera parte (primer o antiguo testamento) y también de los cristianos, quienes añaden e incluyen su nuevo testamento. Así pues, la Biblia es como la gran enciclopedia o el álbum familiar del pueblo bíblico. En ella está relatada no sólo la historia del pueblo bíblico, sino también sus gustos, deseos, esperanzas y frustraciones, así como su ansia de Dios y las formas que utilizó para buscarlo.
Sin embargo, para leer correctamente la Biblia hace falta un método apropiado de lectura para no perderse en sus relatos antiguos, que no siempre son comprensibles a simple vista, o que requieren declaraciones para distinguir lo fundamental sin quedarse sólo con lo cultural. Lo mismo se hará para llegar sus mensajes sin conformarse con su lenguaje a veces exótico y distante.


a) Libros de la Biblia
Como la Biblia surgió en el transcurso de unos 1000 años; sus libros y secciones       se fueron acumulando lentamente. El orden actual refleja los gustos de los antiguos, judíos y cristianos, quienes lo trasmitieron de acuerdo a sus criterios. Así pues, los judíos dividieron todos los materiales de sus escritos bíblicos (nuestro antiguo testamento, pero sin los siete escritos llamados "deuterocanónicos") en tres grandes secciones: Torá (los primeros cinco libros o            Pentateuco); Nebíim o profetas (nuestros primeros libros históricos de Josué a 2 Reyes) y los otros cuatro grandes escritos proféticos (Isaías, Jeremías, Ezequiel y el conjunto de los llamados "12 profetas menores", reunidos en el cuarto libro); y Ketubím o escritos restantes, sin los "siete deuterocanónicos" más el libro de Daniel y los dos libros de crónicas. Las comunidades de la reforma aceptan el número de escritos bíblicos del antiguo testamento y a los escritos            "deuterocanónicos" los llaman "apócrifos".
En cambio, de parte católica y ortodoxa, nuestro antiguo testamento tiene varias grandes secciones:
Torá o Pentateuco: Génesis, éxodo, levítico, números y Deuteronomio.
Libros históricos: Josué, jueces, 1-2 Samuel, 1-2 reyes, 1-2 crónicas, libros de Esdras y Nehemías, y 1-2 macabeos.
Profetas mayores: Isaías, Jeremías (a cuyo final se incluye Baruc y la "carta de Jeremías". En algunas ediciones de la Biblia suele incluirse también el libro de las Lamentaciones, puesto que una tradición antigua consideraba que habían sido obra del profeta Jeremías), Ezequiel y Daniel.
Profetas menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.
Libros proféticos: Salmos, Job, cartas de los cantares y, por su contenido, el libro de las Lamentaciones.
Libros Sapiensales (con dos subgrupos internos): "historias" (Ruth, Esther, Judith y Tobías) y "pequeños tratados": proverbios, Qohélet o Eclesiastés, Sirácide o Eclesiástico y el libro de la sabiduría.


El nuevo testamento tiene también cuatro secciones de escritos, a saber:

  • Evangelios: de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Libro histórico: hechos de los apóstoles. Cartas. Podrían dividirse en cuatro bloques: Paulina, Deuteropaulinas, católicas y los tratados. Las cartas "Paulinas" son: Romanos, 1-2 corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colonenses, 1-2 Tesalonicenses, 1-2 Timoteo, Tito, Filemón; cartas católicas: Santiago, 1-2 Pedro; 1-3 Juan. Judas. Sin embargo, por razones tanto literarias como de contenido, la carta a los hebreos, de autor desconocido, podría formar parte de subgrupo diferente de los "tratados".
  • Apocalipsis: Formas de hablar; cada idioma posee su propia gramática, vocabulario, acento y gusto por determinados giros. Y lo mismo dígase de las señales o signos para indicar molestia, gusto, rencor o alegría.

Cuando un papá o mamá quiere educar a su hijo, haciéndole ver que se equivocó o que debe actuar de otra manera, suele exagerar con estas o parecidas palabras: "¡ay, hijito, te he dicho mil veces…!" o bien: "¡mira nada más; siempre te he dicho que…!" Si el niño llevara la cuenta de las veces que mamá o papá le han dicho eso, podría contestar: "no es cierto papá (o mamá). ¡Van tres veces!".
Aún sin exactitud, ¡papá o mamá no son mentirosos!
Otro ejemplo: si dos jóvenes amigos van por la calle o están en un salón de clases el primer día del curso y se encuentran a una joven, quizá lo primero que digan sea alguna expresión como: "¡uy, me dejó con el ojo cuadrado!"; O bien: "¿la viste? Me quede de a seis. Si se lo cuenta el amigo que no estuvo presente, posiblemente le diga: "¡Al verla… ¡Me fui de espaldas!" Quizás silbe o chasquee los labios apriete el puño o se muerda el labio inferior…"
Los ejemplos anteriores sirven para indicar que, al hablar o relatar en el lenguaje ordinario, acudimos a expresiones "típicas", a giros o a metáforas con los que señalamos de una forma muy expresiva lo que sentimos o queremos decir. ¿Y no habrá sido lo mismo en los tiempos o escritos antiguos…, por ejemplo, en los bíblicos? Suponemos que sí.
Cuando abrimos cualquier libro o página de la Biblia, del antiguo o del nuevo testamento, encontramos expresiones o formas de hablar cuyo significado no siempre entendemos bien. Si leemos esas expresiones al pie de la letra seguramente caeremos en el literalismo, y, peor aún, en el fundamentalismo o en la terquedad del: "¡así está escrito!", O "¡como dice la Biblia!" Quizá si estudiamos un poco el lenguaje antiguo… ¡Eso nos llevaría a comprenderlo mejor!

 

Biblia como experiencia humana


Como cualquier otro texto de la literatura universal, la Biblia puede ser leída e interpretada de diferentes maneras. Unas pueden ser positivas cuando se descubre en ella su valor religioso o se acepta como una ruta que lleva al bien vivir y al mejor obrar. En cambio, otras lecturas pueden resultar no tan precisas, como cuando se le asume solamente como narración del pasado o como libros exóticos para los historiadores o gente erudita.
Inicialmente, la escritura o Biblia y cada uno de sus libros y partes deben mirarse por lo que son: fruto de experiencias verdaderas, transmisión de cosas importantes y enseñanza para la fe de quienes la aceptaron en su origen como palabra de Dios, a la vez que el resultado de la experiencia humana de un grupo de habitantes del oriente cercano.
Al transmitirse lentamente, ese conjunto de experiencias y enseñanzas se fueron codificando en secciones escritas y en libros que, pasado algún tiempo de transmisión oral y escrita, se evitaron como voz autorizada de la tradición, aunque en ese momento sufrieron acomodos, ensambles y retoques antes de su edición definitiva o de cómo se formó la Biblia, veamos una pequeña torre:

  • supongamos que la primera base de piedra contiene las ex experiencias de quienes vivieron los hechos narrados en la Biblia. Lo que sucedió realmente y como se dio.
  • En un segundo nivel vemos la "lectura" de los acontecimientos que dieron los hijos de quienes experimentaron aquellos hechos ahí narrados. Ellos transmitieron oralmente aquellas primeras experiencias de sus padres por ser "significativas" para su vida.
  • En un tercer nivel está la tradición escrita, cuando alguien o algunos de la comunidad comenzaron a escribir y creció la cultura, las viejas tradiciones orales se redactaron para servir de lecciones a otras generaciones. Surgió el texto escrito
  • finalmente, en la parte alta, el cuarto nivel (lo que ahora vemos) están los retoques, añadidura, repeticiones y la inversión final y definitiva a los escritos como los conocemos. Así se fue construyendo la Biblia, aproximadamente…

El trabajo del estudioso de la Biblia está en cotejar los documentos antiguos para disponer del “texto original” como surgió de manos de sus autores. A su vez, la lectura del lector de hoy consiste en aprender a leer esos antiguos textos y no confundir su exterioridad (palabras y forma de presentarse) con los “mensajes” de ese mismo texto.
Tratándose de un texto religioso, importante para todos, las comunidades religiosas de ayer y las de hoy, han extraído de la Biblia textos litúrgicos, claves de vida, enseñanzas dogmas y una propia manera de regular su fe, su moral y su orientación religiosa ante los demás.

 

Biblia como palabra humana


Los autores de textos bíblicos pertenecieron a una cultura y pueblo determinados; hablar en el idioma propio de aquella época; y se sirvieron de los recursos que tenía a su experiencia o interés en este o aquel aspecto vital (religión, sociedad, economía, vida diaria, trato con gente de otros pueblos…).

En los tiempos en que se escribió la Biblia (durante unos mil años más o menos, entre el año 850 a. C., Y el 150 d. C.), sus autores provenían de aldeas o de pequeñas ciudades, pertenecieron a grupos de sabios o eran los encargados oficiales de reportar la situación de todo el pueblo; o tenían alguna o mucha sabiduría; o eran simples escribas o piadosos voluntarios o poetas.


a) Textos antiguos
En los tiempos más antiguos, de acuerdo a su avance tecnológico, escribieron sobre piedra, laminillas metálicas, trozos de tepalcate o pequeñas tejas. posteriormente, pudieron hacerlo en papiro y cuero animal, debidamente preparado y en tiras, que luego enrollaban. Claro está que sus métodos de escritura en esos medios rudimentarios no tenían signos de puntuación ni nuestra forma de libro y, menos aún, caracteres impresos. Quizá la única excepción eran los sellos (pequeños rodillos colgados al pecho o en forma de anillo al dedo). Sólo hasta la era cristiana (siglos III-IV) se descubrió el "códice" o páginas pegadas en uno de sus cantos y reunidas en la forma de libro actual, pero escritas con caracteres mayúsculos, seguidos y sin espacio entre palabras. Las letras minúsculas se descubrirían sólo hasta los siglos VIII-IX.
Aunque en la antigüedad se escribió mucho, no todas las personas sabían leer. Se trataba de un oficio de siervos o esclavos, si bien había gente pagada para hacerlo como escriba escribano o copista que no copiaba el texto que escribía, sino que lo escuchaba de un "lector" que lo dictaba a más de uno. Esta fue la razón de los muchos errores que nos llegaron en los diversos documentos del pasado y que se debían precisamente a que un copista no había entendido bien el dictado o que, por su origen africano, español o asiático, escribía el mismo texto de acuerdo a usos regionales diversos.


b) La tradición
En los llamados escritos del antiguo testamento ocurrió un fenómeno interesante. Como en todo suceso, actual o antiguo, el hecho narrado por un escritor sucedió una sola vez. Con el tiempo, este "suceso original" fue registrado por y para quienes tenían valor, por ejemplo, la familia del anciano patriarca difunto. La primera frase, pues, es la transmisión oral de aquel acontecimiento significativo. En un segundo momento, ese suceso significativo fue puesto por escrito por quien ya sabía escribir, y lo puso a disposición sea del templo, que de la corte en donde se observaba. Esta fue la fase de transmisión escrita.
Finalmente, cuando "se editó", todo el conjunto de libros (Pentateuco, escritos proféticos y otros), las antiguas tradiciones escritas y sus predecesoras orales, percibieron un retoque final, y se acomodaron para beneficio de toda la comunidad y de su posteridad (Génesis 1-2). Al tiempo de Jesús, se reconocía genéricamente tres bloques de textos: el grupo de la Torá de Moisés o los cinco primeros libros bíblicos; el de los escritos de los profetas, pero sin incluir a Daniel y a los libros de las crónicas.

 

Biblia como arte literario


Al leer un texto bíblico en nuestros idiomas modernos, no nos damos cuenta o sólo de lejos, del tipo de lenguaje que su escritor utilizó. La poesía bíblica, por ejemplo, no era ni es como la moderna que usa rimas y que cuenta sílabas. Así, los salmos, escritos en forma poética, usan dos o tres versos para dar una idea (paralelismo); frecuentemente se sirven de términos sinónimos (parecidos) o antónimos (en contraste u oposición) a manera de salida, como queriendo decir: "esto, aquello, pero mejor esto otro".
Además, en prosa y poesía, se usan números, imágenes y símbolos para expresar conceptos. Por ejemplo, al mismo Dios se le representa algunas ocasiones mediante figuras humanas (antropomorfismo: Génesis 3, 8), otros con sentimientos humanos (antropopatismo: Génesis 6, 6) o recurriendo a figuras y conductas y animales (teriomorfismo: Génesis 8, 21). En el caso de los números será un fenómeno parecido: 40 sirve para calificar el plazo limitado de una vida; siete (y sus múltiplos o en centenas) para señalar una totalidad; 12 para indicar la plenitud de un pueblo compacto o de un grupo especial (apocalipsis 4, 4; 7, 1-8).
Pero la Biblia fue obra también de gente, sobre todo en su fase final. Quienes pueden llamarse editores finales de los textos, fueron personas versadas en los idiomas que escribían (hebreo, arameo y griego, las tres lenguas bíblicas originales), conocían el arte de narrar e hicieron las veces de enciclopedistas que legaron, a su pueblo los tesoros de su pasado, sea como tradiciones escritas (que retocaron), sea en forma de noticias recibidas oralmente (que trabajaron) o bien a manera de textos que escribieron de su puño y letra para dar sentido a todo un conjunto. Éste último fue el caso del primer capítulo del Génesis que alguien escribió hacia el siglo V a.C. para relacionar un antiguo relato sobre la humanidad y dar sentido a un ordenamiento querido y realizado nada menos que por el mismo Dios creador.

 

Biblia como herencia de la humanidad


Los hombres religiosos de todas las épocas han acudido al pasado, no tanto para decirnos cómo eran aquellos tiempos, sino para "explicar su presente" y darle un sentido razonable, fundado en la "experiencia de los padres", válido precisamente por haber iniciado antaño.
Este proceso fue llevado a cabo en cada generación, se trata de trabajo de equipo, de comunidad y de asumir la herencia o legado que otros habían hecho. Por eso, en el caso de la Biblia, el conjunto de sus textos permite a cada generación volverse contemporánea de los mismos acontecimientos narrados, o bien, hacer que aquellos venerables sucesos y textos del pasado, tengan vigencia y validez permanente y sirvan también a la generación presente.

  • Lecturas diversas. Con frecuencia en el pasado, y cada vez menos en el presente, los diversos grupos de cristianos se han apropiado de la Biblia como algo exclusivo. Los nuevos vientos de apertura ecumenismo y acercamiento entre religiones facilitan que todos los hombres creyentes asuman la Biblia como un legado o patrimonio común.

Lo anterior significa que, dentro del mismo cristianismo, haya diversas interpretaciones de los textos bíblicos y que, ocasionalmente, se les manipule en una u otra dirección para justificar esto o aquel comportamiento, esta o aquella estructura, este o aquel sentido o práctica.

 

  • Estudios modernos. Los estudios contemporáneos de las ciencias literarias facilitan que también la escritura sea leída con el "mismo espíritu con que fue escrita", esto es, de acuerdo a los cánones de interpretación más rigurosa, teniendo en cuenta el estilo antiguo de escribir, atendiendo a los géneros literarios o formas en que cada generación se expresa y tomando en cuenta los elementos de las culturas en que esos textos venerables surgieron.

Por lo mismo las diferentes secciones, partes o libros de la Biblia o sagrada escritura, deben estudiarse con base en los métodos literarios más comunes de cada época; y por tratarse de textos religiosos, deben acomodarse a nuevas situaciones de vida, sin forzar el primer sentido que el autor le imprimió, pero, a la vez, actualizarlos adecuadamente a las nuevas exigencias históricas y a nuevos problemas que sus antiguos escritores nunca tuvieron ni imaginaron.

 

Las lecciones del pasado
La Biblia como historia


Los seres humanos de hoy hablan de su pasado atendiendo a las causas que lo originaron tratando de ser precisos. La razón es sencilla: la historia moderna no es sólo una simple aproximación sino también la opinión de algún erudito o el intento, bueno en sí pero impreciso, de narrar los hechos, sucesos y eventos según el gusto de quien los relata.
Hoy se prefiere hablar de la historia como de una ciencia que comprueba la validez de lo pasado, sirviéndose de otras ciencias auxiliares como la arqueología, la antropología cultural y el estudio literario, pictográfico y simbólico de los testimonios y documentos del pasado que corroboran una realidad que tuvo lugar y que invitan a entenderla y a transmitirla.
También los estudios de la Biblia y los grupos religiosos que la consideran un conjunto de escritos verdaderos, inspirados por Dios y orientados a la salvación de los creyentes, asignan a sus libros validez histórica. ¿pero de qué historia se trata? ¿De lo realmente acontecido? ¿de lo importante del pasado? ¿de hechos pelones narrados al pie de la letra? ¿de cuanto sus autores captaron como significativo? ¿de un proyecto divino a través de la experiencia humana del que no siempre, ni sus actores y autores, se dieron cabal cuenta?
Los apartados siguientes resumirán algunos elementos del aspecto histórico de la escritura.

 

El lenguaje histórico de la Biblia


Cuando los autores sagrados (hagiógrafos) los transmisores y redactores finales de la Biblia, la editaron en su forma actual, escribieron los textos que conocemos de acuerdo a su cultura y el grado de evolución literaria que habían logrado, evidentemente, cada uno de ellos:
- tenía su propia preparación, estilo, área de trabajo y gustos;
- acudió a los testimonios de los mayores de la comunidad o a las fuentes escritas, que se guardan en el templo o en el palacio;
- se sirvió de los modelos que las culturas contemporáneas extranjeras le ofrecían;
- utilizó las formas literarias de su tiempo, como el relato de los antepasados con aspectos míticos; la narración como un ejemplo a seguir; la anécdota; las listas transmitidas de boca en boca o repetidas para explicar una secuencia (como la genealogía o alianzas de tribus); la interpretación popular de un hecho; el nombre, razón o ubicación de un lugar, fiesta, rito o costumbre (etiología).


En la Biblia hay muchos de estos casos, por ejemplo: la explicación de la atracción y particulares de los sexos (Génesis 2, 3); la relación del pueblo bíblico con países vecinos (Génesis 29-30); la importancia de un lugar significativo para la comunidad (jueces 15); una fiesta o su modo de celebrarla (éxodo 12); y el parentesco, real o deseado de alguien detrás de un listado de ancestros (genealogía; números 1-4; Mateo 1, 1-8; Lucas 3, 23-27).
En muchas otras circunstancias se acude a un relato en el que abunda en el aspecto heroico, la fuerza y valor de pocos en lucha contra un grupo numeroso o bien, la acción casi inconcebible en circunstancias difíciles o también, un relato elocuente, muchos detalles y aspectos de epopeya y magnificencia, como si se tratara del relato del testigo ocular que lo presenció. Ciertamente en estos y otros casos jugó un papel importante la fantasía, la añoranza y el deseo de ilustrar un lugar, personaje o acontecimiento del pasado para seleccionar a los contemporáneos con la intención de entusiasmarlos y mostrarles porque debían tener en consideración tal lugar, ese personaje o cierto acontecimiento (Génesis 8, 15-20; Josué 24; salmos 104 y 105).


Muchos textos de ambos testamentos tienen descripciones de este tipo. Para entender mejor su sentido, debe conocerse antes su enfoque sin asegurar que el hecho sucedió puntualmente como el texto lo describe. así pueden considerarse, por ejemplo: la descripción fastuosa del templo y del palacio en tiempos de Salomón (2 Reyes 6-7, etc., Éxodo 25-28) cuya grandeza repetirá siglos más tarde el último escritor del nuevo testamento al describir a la Jerusalén celeste: (apocalipsis 4-5; 21); las acciones heroicas de Josué, las de los jueces, de David y las de algunos reyes (Josué 5-6; jueces 3-16; 2 Samuel 2-8).

 

Las varias historias bíblicas


Al hablarse de la historia bíblica frecuentemente se limita el tema a una visión tradicional que considera como "históricos" los escritos del antiguo testamento que comienzan con el libro de Josué, siguen con los de los jueces, 1-2 Samuel, 1-2 Reyes, 1-2 crónicas y terminan en el libro de Esdras y el de Nehemías. en la tradición católica se incluyen también los dos libros de los macabeos. Del nuevo testamento solía incorporarse los hechos de los apóstoles.
Ahora bien, los relatos bíblicos que han llegado a nuestras manos, ofrecen varios esquemas en que predomina la narración con tonos o relatos históricos.
Siendo más respetuosos de la tradición bíblica, convendría ver un cuadro más amplio y notar que las variadas formulaciones o esquemas históricos pueden clasificarse en grupos. Aquí se mencionan algunos entre los más sobresalientes:


- Relatos arcaicos con elementos míticos en Génesis 1-11. Se trata de narraciones más bien teológicas puestas en ese lugar como un puente que une la realidad del           cosmos con el pueblo bíblico, a partir de los personajes que entonces se consideraban ancestros.
- Relatos originados en las cortes de Samaria y Jerusalén, como los textos de 1-2 Reyes. Se trata de un tipo de historia que se recogía en las cortes reales, tomando sólo datos rápidos, registrándolos al estilo de las cortes de los reinados vecinos.
- Relatos históricos con acento profético: secciones de Josué, jueces, 1-2 Samuel y varios relatos en 1-2 Reyes. Estos relatos colocan en primer sitio la función de un        profeta principal y no la del rey, del profético o la de algún otro poder.
- Relatos sacerdotales, conformado sobre otros proféticos o históricos (1-2 crónicas). Los dos libros se refieren a la importancia del pasado, pero sólo en cuanto lo relacionado con las cosas sagradas, los ministros, el templo y las fiestas.
- Relatos con apariencia o secuencia histórica, pero en un lenguaje apocalíptico, que se reconoce por sus numerosos símbolos, relación inmediata de lo celeste o terrestre o representados como la visión de alguien. Ejemplos: varias secciones en los escritos de los profetas Ezequiel (38-48), Daniel (7-12), Joel (2) e Isaías (24-27; 34-35).
- Alusiones a situaciones, personas, hechos y acontecimientos realmente acaecidos en el pasado y también apoyados por los documentos contemporáneos de otras culturas. Éstos aparecen en toda la escritura, inclusive hasta en textos poéticos como los salmos y las oraciones (cfr. éxodo 15; jueces 5; 2 Samuel 22; dos Reyes 19.15-19; salmo 121).
- Historias poéticas con marcado acento en la ejemplaridad o moraleja, a manera de "vida ejemplar". Así tenemos los libros de Ruth, Esther, Judith y Tobías. Más que historia al pie de la letra, se trata de "modelos" que sus autores dejaron para educar al pueblo. Es como si hubieran querido enseñar: aquí tienen el modelo de una persona piadosa ante Dios, aunque sea extranjera Ruth que antes daba culto a otros dioses; la bella y joven Esther quien, como cenicienta bíblica, llegó a ser reina de un imperio; la viuda Judith, toda una dama, que usó los artificios femeninos para salvar a su pueblo; y el piadoso y animoso Tobías, educado por sus bondadosos padres, Tobit y Ana para hacer un viaje al extranjero.


En otras palabras, lo histórico en la Biblia no se reduce a un libro histórico, sino que se halla a lo largo y ancho de toda escritura, sólo que de una manera en que lo importante no es el suceso en sí mismo, sino el significado que tuvo y tiene para el creyente y la comunidad que se acercan a ese texto y se sienten interpelados por él.
Sin embargo, y con bastante frecuencia algunos cristianos o lectores en general se acercan a los textos bíblicos con un prejuicio: como son libros inspirados por Dios y santos, todo lo que dicen debe ser tomado el pie de la letra. Esos lectores terminan confundiendo la verdad que Dios quiere revelarnos con la forma en que el autor no lo trasmitió, igual que la mamá que para dormir a su bebé, le canta que si no se duerme “¡Ahí viene el coco y te comerá!" Lo importante es que el niño se duerma, no si existe o no el coco.
Un ejemplo de historia profética puede ser la llamada "historia o ciclo del profeta Elías". Los varios relatos sobre el profeta (anécdotas) están insertados en dos libros que la tradición ha bautizado como históricos. Se trata de las secciones 1 Reyes 17-19 y 2 Reyes 1-2.
En los relatos se describe el profeta actuando políticamente en favor de su pueblo, orientando a Reyes, formando a un discípulo (profeta Eliseo). Su muerte no fue relatada como transporte a su sepultura, sino como desaparición por intervención directa de Dios, similar al caso del patriarca Enoc "quien anduvo con Dios y Dios se lo llevó". (Génesis 4, 24) o como Moisés cuyo sepulcro se desconoce (Deuteronomio 34.6).
Fue tan importante la figura y hechos de ese profeta, que la tradición posterior no le dedicó un libro en particular, sino que colocó sus intervenciones, palabras, hechos y predicación dentro de la franja histórica en que aproximadamente vivió y el nuevo testamento lo enfocó junto a Jesús en su transfiguración (Mateo 17,3 y 17,10-15).
También el nuevo testamento se sirve de esquemas y aproximaciones históricas para dar una imagen de Jesús o de los primeros predicadores y evangelizadores cristianos, como en el caso de los evangelios y de los hechos de los Apóstoles.


¿Cómo leer las historias bíblicas?


La constitución dogmática Deí Verbum del concilio vaticano II habla sobre cómo conviene acercarse a los textos bíblicos del nuevo testamento. En el número 19, su texto dice que "los apóstoles transmitieron a sus oyentes lo que él (Jesús) había dicho y hecho"; luego, al referirse a los autores de los textos bíblicos, continúa: "Los autores sagrados compusieron los cuatro Evangelios seleccionando algunas cosas de entre las muchas que ya se habían transmitido oralmente o por escrito, reduciendo algunas síntesis, o adaptándolas a la situación de las iglesias, conservando finalmente el estilo de la proclamación, de este modo siempre nos transmitieron datos auténticos y genuinos acerca de Jesús. Escribieron, pues, ya sea sacando las cosas de su memoria o basados en el testimonio de "los que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra", con el fin de que conozcamos la verdad de lo que nos enseñaban".


De este modo como la Iglesia invita a considerar con atención (también en el caso de los evangelios), las antiguas formas de transmisión del pasado. El texto afirma que "compusieron los textos", "seleccionaron algunas cosas", "la redujeron a síntesis", "las adaptaron a la situación de las iglesias" y "conservaron el estilo de la proclamación".
Tan sólo con las citas anteriores, queda claro cuál debe ser la manera propia de interpretar los textos bíblicos, para evitar lecturas reducidas a lo literal, equivocas, fundamentalistas y no acordes a como sus mismos autores pretendieron transmitirnos la verdad de Dios.
Finalmente, los estudios históricos, como cualquier otro estudio científico, proponen algunas nuevas rutas de acuerdo al avance cultural, a los métodos de investigación y a los nuevos descubrimientos, que cada día van ampliando el conocimiento del pasado. Es natural que surjan teorías nuevas, que se ajusten las concepciones históricas anteriores y que todo aquello que se asumía como "definitivo" deba revisarse, reacomodarse y reinterpretarse para beneficio precisamente de quienes pretenden ser educados en la verdad.


Un ejemplo de texto por re-interpretar…


Cuando un lector atento del nuevo testamento lee las cartas de San Pablo, encuentra que el apóstol las escribió apegándose a la realidad que estaba viviendo. Evidentemente lo hizo con los datos de que disponía y lo aseguraba sabiendo que algún contemporáneo que conoció al mismo Cristo podía haberlo corregido, de no escribir conforme a la verdad.
El apóstol, pues, asegura que es "apóstol" como los demás; que recibió el mensaje cristiano "por revelación"; y entre sus temas favoritos de importancia capital estaba "la muerte y resurrección de Cristo". Ahora bien, cuando leemos los discursos de este apóstol según los hechos de los apóstoles, caemos en la cuenta de que a Lucas le interesaba más presentar un modelo o un héroe predicador cristiano, que los datos precisos sobre los acontecimientos o las palabras que aquel decía. Para ello basta confrontar el relato del capítulo 2 de la carta a los Gálatas con el capítulo 15 de los hechos de los apóstoles.
La versión de Pablo es rápida y personal, mientras los discípulos de hechos son ampulosos, el evangelista Lucas hasta da la impresión de no haber conocido personalmente a ese apóstol. Cierto que Lucas no quería decir cosas que el apóstol no hubiera dicho, pero cómodo y ofreció a sus contemporáneos de los años "noventas" del primer siglo, el modelo heroico y predicador que maneja la oratoria más que el Pablo real, impetuoso y directo, de los años "cincuentas".
El ejemplo anterior sólo pretende guiar a la mejor comprensión del texto. Al lector atento toca ir rescatando otros numerosos aspectos como los que se señalarán en la sección siguiente.

 

Dios habla de mil maneras…
La Biblia como revelación


Los textos de la Biblia son diversos. Unos citan listas de lugares, de personas y de trabajos. Otros son poesía, como los salmos, en los que domina la emoción, el entusiasmo, la descripción de sentimientos, deseos, miedos y esperanzas. Algunos más son llamados sapienciales porque contienen sabiduría, esto es: moraleja, enseñanzas. Otros presentan modelos a seguir.
El libro de Job, escrito del antiguo testamento, considerado como sapiencial por la tradición católica, propone una frase muy fuerte respecto de la revelación de Dios: "¡Dios habla de mil maneras…Pero el hombre no lo entiende!" (Job 33.14). El autor pone en boca del joven Elihú, un razonamiento que aclarará a Job varias de las formas en que Dios se revela, a pesar de que el protagonista muestra las propias razones de su situación.
Pareciera que el ser humano, con frecuencia, hace caso omiso de cómo el creador, una y otra vez pretende salir al paso y refleja lo que algún buen pensador ha expresado de esta forma casi agresiva: "¡cuando buscas a Dios…Se esconde!; ¡pero si lo olvidas…Te persigue!". Tanto el antiguo como el Nuevo testamento hablan de Dios a la manera humana, pero se sirven de un lenguaje, de temas y de acentos humanos muy significativos.
Las siguientes líneas tratarán de mostrar algunas facetas principales.

 

La Epifanía o manifestación de Dios


Todos los movimientos o grupos religiosos fundamentan su visión de la vida, a partir de una o más revelaciones que reconocen como venidas de Dios. Por ello, le dan culto y lo proclaman como el verdadero. Unos pueblos han pasado del totemismo, esa creencia de que Dios se manifiesta en el tótem o en una imagen específica. Otros han venerado numerosos dioses, como democratizando el poder del único Dios (politeísmo). Algunos más, prescinden de una imagen concreta de Dios y lo hallan en el vacío y en el área de lo desconocido, como si Dios se esfumara, como en el caso del "hinduismo". Y hay quienes se fijan en su único dios al que refieren todo y lo llaman "Señor y Padre". Tal es el caso de las llamadas religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islamismo).
Pero, quien de una manera o quien, de otra, todos los grupos o subgrupos anteriores reflejan una imagen presente de Dios a través de conceptos humanos. No se trata de definiciones sino de acercamientos y aproximaciones, los hombres de la Biblia siguieron también esta forma de hablar de Dios al esforzarse en describir su realidad, presencia y actividad.
Primeramente, en la Biblia se habla de manifestación de Dios o Epifanía. Esta ocurre, a veces, como presencia real de Dios, quien habla o deja intuir su voluntad o se relaciona con un lugar. Esta es la relación de los llamados "lugares santos" en que se da culto a su divinidad o se reconoce que ahí se manifestó en una aparición, o en tal lugar eligió a una comunidad para su servicio, encomendándole ciertas normas o principios de vida. Se le llama "teofanía". En la Biblia hay numerosos textos que lo explican así (Génesis 18; 22; éxodo 19; Mateo 5-7).
En otro sentido, está la manifestación o revelación de Dios a través de beneficios en un día o tiempo especial, que los estudiosos llaman "cristofanía" (manifestación de actividad mesiánica) y que se refleja en abundancia de bienes materiales o cualidades morales. Suele llamársele tiempo o era mesiánica (Josué 7-8; Isaías 11.2-4).
Un tercer tipo de manifestación divina ocurre por medio de un intermediario divino o ángel, que revelan la voluntad divina, sea actuando por su cuenta como defensor de los derechos de Dios, sea como desdoblamiento del mismo Dios o un alguien que actúa en su nombre. La fenomenología religiosa o estudio de los hechos religiosos la llama "Angelofanía" y la Biblia asume a tal mensajero como ángel o profeta de Dios (jueces 6, 12-24; apocalipsis 12,7-9).


También existe otra forma de revelación divina que ocurre como luminosidad, fuego, rayo centella (pirofanía: manifestación en forma de fuego) o como manifestación de los signos del poder divino que los antiguos descubrían en la guerra, el hambre y la peste; o bien como ruido ensordecedor, nube o terremoto (la "cratofanía" o manifestación de poder). La escritura sita en muchos textos esta revelación del poder de Dios que se manifiesta salvando a unos y castigando a otros (Éx 14.19-20; 19.16; 1 Reyes 18.30-38; Mateo 28, 3-4).
Ocasionalmente, la Biblia acude a giros que señalan la misma realidad, pero con rasgos más familiares. Tal es el caso del término "visita" con la que Dios se acerca su pueblo o a sus fieles (Génesis 19; Lucas 1, 68; 7, 16). Como para el oriental, la visita entre amigos o familiares. Permite sacar a flote lo mejor de las personas, así al hablar de la presencia de Dios trataron de reflejar en su cultura lo que era la presencia de Dios en sus vidas: ¡una visita de amigos!
Otros términos bíblicos para calificar la revelación divina son términos temporales como "Villa", "hora", "hoy" y "ahora". En todos ellos late imperiosa la voluntad salvadora de Dios no para el mañana o un futuro remoto, sino como salvación inmediata, actual para hoy (Deuteronomio 11, 2. 8. 13. 26.27.32; Lucas 2, 11.29; 4, 21; 23.43).

 

Conceptos


Los hombres de la Biblia descubrieron que el actuar divino, sólo podía concebirse como la aparición o actuación de un ser superior al que dieron el nombre de "ángel de Yahvé". Se trataba de un concepto polivalente, pero apto para tratar con respeto al señor. "Ángel" en las culturas anteriores o contemporáneas al Israel bíblico, era un término que denotaba una personalidad de un mundo diverso, un ser poderoso que protegía los intereses de Dios y a la vez un emisario de la voluntad divina. Por ello, ocasionalmente Dios y el ángel de Yahvé se identifican o confunden. Es el caso de Agar, que en el desierto se encuentra con el ángel de Yahvé y luego da culto a Dios (Génesis 16.7-13); durante el éxodo, Dios promete castigar al pueblo desobediente y el ángel de Yahvé es quien actúa; y el juez Gedeón teme haber visto con sus propios, a veces a Dios, otras al ángel de Yahvé (jueces 6, 22).
Un segundo caso es el de la "palabra de Dios". Ocasionalmente, los autores bíblicos confiesan simplemente que los cielos fueron hechos por la "palabra de Dios" (sabiduría 9, 1-2); o bien aparece con frecuencia a los profetas para señalar alguna especie de experiencia mística o una comunicación que Dios le revela, audición o ensueño (Oseas 1, 1; Miqueas 1, 1).
Un tercer concepto es el de "gloria de Dios". Esta, la gloria, con alguna frecuencia sustituye al mismo nombre de Dios o sirve a los autores bíblicos para indicar la magnífica presencia de Dios, como cuando durante el éxodo se habla de la gloria que se presenta en lugar de Dios que aparece (éxodo 33.18-22) o bien cuando el profeta Ezequiel presenta la salida o llegada de Dios al templo como una invasión de la gloria de Dios (Ezequiel 10.18-19 y 43.1-2).
En otros casos, la revelación de Dios ocurre en forma humana (antropomorfismo) sea como "rostro" (números 6, 25-26), como "brazo" (éxodo 6, 6), como "mano" (Ezequiel 37.1; salmo 32.4) o como "dedo de Dios" (Lucas 11.20).

 

Nombres


Ya que la antigua cultura del oriente cercano (área geográfica de los actuales estados de Jordania, Líbano, Siria e Israel) el nombre refleja la esencia y persona de su portador, su carta de identidad y su misión en la vida, los escritores sagrados llamaron a Dios de diversas maneras y hasta, quizá, con nombres que ya eran usados en el entorno.
"Él" fue el nombre genérico para le divinidad en esas culturas y pueblos. Con ese nombre querían señalar la fuerza que le reconocían y su situación de liderazgo o jefatura frente la comunidad de los creyentes. Como para reforzarlo le añadían una calificación específica en tal caso resultaba: "El Olam" (el dios antiguo) con el matiz de perdurabilidad (génesis 21.33); "El Roí" o Dios que me ve o me aparece (Génesis 16.7-14); "El Betel" o Dios de Betel (Génesis 35.7); "El Shaddy" o soberano, omnipotente, Dios de las montañas (Génesis 17.1); y "El Elyon" o altísimo y señor del cielo (Génesis 14.18-22).
"ELOHIM" fue un segundo nombre que con su apariencia plural en lengua hebrea señala, no la pluralidad de dioses si no la magnificencia de Dios. Varios autores interpretan este plural como en ciertas de nuestras culturas se ha utilizado alguna vez el "Nos" de majestad, al estilo de los Papas de antaño (Deuteronomio 4, 35; Samuel 9, 6).
"Yahvé" fue el nombre divino por excelencia con que la tradición del antiguo testamento llamó a Dios, rodeándolo de misterio cuando fue revelado y usándolo con tanto respeto al grado de que, al encontrarlo en el texto bíblico, debía sustituirle con otros conceptos como "el nombre", "mi señor" o "los cielos". Así evitaban pronunciarlo con irreverencia o caer en el riesgo y atrevimiento de deshonrarlo (éxodo 3, 14-15; Joel 3, 5).

 

Títulos y funciones


La tradición bíblica reconoció en Dios no sólo al ser supremo sino el amigo y confidente que le estaba cerca, lo protegía en sus dificultades o malestares y lo auxiliaba ante los enemigos. Por esta razón lo llamaba "Adón" o señor (éxodo 23.17; jueces 4, 18); "Mélej" o rey (salmo 29.10; 93); "Ab" o padre (Jeremías 31,9; Isaías 63,16; y 64,8), pero también con otros títulos ocasionales muy sonoros como el bello listado que da el libro de Judit (9, 11) y otros términos poéticos y simbólicos como los de "pastor" (salmo 23), "roca" (salmo 18, 3. 32. 47) y varios más (salmo 138,1; Job 18,25; Ester 14,19).


La realidad del mundo


Para los hagiógrafos, el mundo no es simplemente el fruto de una explosión primordial o el resultado de una sola evolución, como puede sugerir la ciencia. Para ellos, el mundo y cuánto lo integra es obra de la voluntad y palabra de un acto creador de Dios. Con ello, los autores bíblicos no niegan espacio, la ciencia o a la humanidad; simplemente utilizan su lenguaje religioso con el que califican la relación de todo su creador.
Así pues, el mundo, exposición divina, obra suya y lugar en que coloca el ser humano para que lo trabaje y lo cuide (Génesis 2, 15). La tierra es material que sirve para crear humanidad y también el lugar para que tal humanidad se desarrolle, se alimente, viva y la haga ser algo más que pura materia. En tal sentido, Dios es el primer ecologista, pues sacó a la tierra del "caos" y la vuelve "cosmos" (orden, belleza, armonía, en griego, como dice Génesis 1-2).
Por ello, en algunos otros textos que tienen sabor de futuro, de final y de consumación, otros autores del nuevo testamento hablan de una "nueva tierra" y de una "nueva creación". No se tratará de mejora de los anteriores, sino de una novedad que refleje tanto la voluntad de Dios como la realidad mundana (Gálatas 6, 15; 2 corintios 5, 17; apocalipsis 3, 14; 21.1-2).


La cultura bíblica
La Biblia y la cultura


Existen diferentes formas de concebir la cultura. Hay quien acentúa los rasgos de civilización que alcanzaron grupos humanos específicos y hay quien se fija más en su evolución, en su forma de ser, interactuar y vivir en el mundo, incluyendo su comida, vestido y arte.
También la Iglesia propone en la constitución pastoral "Gaudium et spas" del concilio vaticano II, una aproximación muy amplia al mundo cultural de los pueblos. Dice el documento que cultura es: "todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, tanto en familia como en toda sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a través del tiempo, expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias y aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos, e incluso a todo el género humano" (números 53).
En su perspectiva, la Iglesia habla de "cualidades espirituales y corporales", es decir: no sólo lo exterior o tangible de la producción de un pueblo; su "conocimiento y trabajo" que incluye al de toda una sociedad con su gente autóctona e inmigrantes; una especie de "humanismo práctico" que permite alcanzar el bien común de todo el grupo; y "patrimonio" o herencia que cada cultura genera en forma de arte, estilo, genialidad, usos, costumbres y tradiciones que conforman tanto las " experiencias espirituales" como las "aspiraciones" de esa cultura.
La escritura también refleja un determinado tipo de cultura que los hombres dibujados en ella moldearon o a la que sus vecinos les permitieron acceder. Vayamos por partes.

 

La cultura general


Los antiguos transmitieron sus culturas desde las perspectivas que le serán propias. Así, por ejemplo, se sirvieron de la "hierofonía” un tipo de relato que incluye experiencias sagradas, pero sin dividir "lo profano y lo sagrado", "histórico y celestial", "más acá y más allá". Acudieron también al "mito" el cual no era ni una invención o cuento, ni una falsedad o mentira piadosa, como muchos hoy asumen, sino como se acepta entre los estudiosos de religiones y culturas antiguas; "una historia verdadera, original, sagrada, significativa, salvadora y tipo lógica". En otras palabras, los antiguos veían en sus mitos un saber religioso con el que recuperaban sus orígenes en forma de encuentro con lo otro, "lo santo y divino", y proponían rutas para su presente. Los antiguos también se servían de la leyenda vista como "relato local que debe ser leído en su comodidad" para reforzar la memoria de su pasado, mientras que nuestros contemporáneos asumen el concepto de leyenda como un texto o una historia piadosa que tan sólo propone moraleja para el bien vivir y obrar.
Para ser honestos con los antiguos y con la humanidad reflejada en la Biblia, debemos tener presente su mundo y entorno y aceptar que sus relatos tenían todos, un elemento religioso y mucho de epopeya, lenguaje simbólico e interés inmediato que no siempre logramos ventilar desde nuestros intereses modernos, bastante precisos, metódicos y estructurados, pero con poco espacio para fantasía e imaginación y sin mucha capacidad de asombro ante la vida.

 

Espacio y tiempo


Mientras hoy se habla de geografía universal, galaxias, geopolítica y Naciones Unidas, los antiguos se refugiaban en el espacio que-decían-, sus dioses les habían encomendado. Habitaban una determinada área que llamaban "ciudad" que incluía un conjunto reducido de habitaciones; de "rey" cuando su líder no era más que un síndico moderno o bien sólo la persona más anciana y lista o un descendiente directo del anterior; y todos se refugiaban en ese pequeño espacio en tiempo, de ataques de los pueblos vecinos. Evidentemente, ocurría esto principalmente los tiempos y pueblos citados por el antiguo testamento y no tanto en las capitales de los imperios (Egipto, Mesopotamia, etc.) o en las culturas posteriores de Hatti (antigua Turquía), Mari (Siria), Babilonia, Asiria, Persia, Grecia y Roma.


Espacio


Los hombres de la Biblia disponían de un territorio estrecho (parte de los modernos estados de Líbano, Jordania, Israel y Palestina) y de los terrenos o áreas ubicadas cerca de sus "ciudades" que le servían de lugares de cultivo y pastoreo. Con frecuencia, los espacios más distantes entre una localidad y otra eran tierra de todos y de paso, hasta que el reino de Israel (al norte de Palestina e Israel actual), y el reino de Jerusalén (en los alrededores de esta ciudad), se poblaron y comenzaron a extender sus fronteras e intereses de dominio.
Pero más importante que el territorio era la concepción con que leían su propia geografía. Al oeste tenían el gran mar (mediterráneo); al este, el río Jordán que no era la actual zanja sino un río más caudaloso y ancho; al sur estaba el mar muerto y el mar Rojo; y al norte, el lago de Galilea y parte del mediterráneo. En otras palabras, su territorio estaba rodeado por las aguas, razón por la que el mar resultaba el símbolo de lo negativo, del caos, del riesgo y del peligro, una especie de personificación del monstruo mítico Leviatán, enemigo a vencer. Así, fue natural, por ejemplo, representar la "salvación" como liberación de las aguas (éxodo 14.15-31); la entrada a la tierra prometida como otra victoria sobre el río Jordán (Josué 3); a Jesús calmando al mar y caminando sobre el cómo en victoria mesiánica (Marcos 4, 35-41 y 6, 45-52); y a la liberación definitiva, como llegada y posesión de "nueva tierra… Pero sin mar" (apocalipsis 21.1). Por otra parte, la geografía (la tierra) era vista como un préstamo divino al pueblo. Dios será dueño de la tierra con todos sus animales y plantas, pero la había puesto en manos humanas para labrarla y cuidarla (Génesis 1, 26-31; 2, 8-17), ya que los humanos sólo son peregrinos en ella (Jeremías 35, 7; levítico 25, 23; salmo 119,19).
Al final, el espacio terreno del que dispone el pueblo es creación de Dios y el lugar de sus epifanías (Génesis 3, 8; 12,1; 13.15). La tierra es materia de la que el ser humano está hecho, además de ser su cuna, su meta (Génesis 3, 19) y signo del paraíso (éxodo 3, 8). Pero este espacio incluye también:
- desierto, en cuanto símbolo de amenaza o refugio, de desgracia, pero a la vez de bendición (Oseas 2, 14-16; Isaías 40.3; Mateo 4, 1-11);
- Montes, alusión a la elevación, lo inalcanzable, el mundo divino, lugar de revelación y ubicación de la sacralidad y la santidad. Por esta razón, varias revelaciones de Dios se dan en el monte Sinaí u Horeb (éxodo 3; 19-24); y Jesús da desde ahí su nueva ley o ahí revela su propia relación con Dios (transfiguración: Mateo 5, 1:17.1-9).


Tiempo


La tradición bíblica concibe al tiempo, no como cómputo o sucesión de instantes, sino como una especie de lugar sagrado en que se percibe la presencia de Dios. Por ello, desde el principio se dice a los humanos que pueden disponer de la tierra, pero no del tiempo, lugar y ocasión del reposo de Dios (Génesis 2, 2-3) que, otros textos de la misma línea, ampliarán al sábado, a los tiempos de las epifanías divinas y a toda oportunidad que Dios da a sus fieles para encontrarse y encontrarlo (salmo 95,10-11; hebreos 11,1-4).

 

El ser humano individual


Sin tener una concepción del ser humano (antropología) al estilo moderno, la cultura bíblica dejó una visión asombrosa sobre la persona, sus manifestaciones y relaciones. Lo primero que se le ocurre afirmar es que el ser humano es la imagen de Dios tanto en su dimensión masculina como en la femenina (1,26-27), y, luego hijo de Dios.
De esta primera concepción derivó el que no se conciba al ser humano (como en occidente) como compuesto de alma y cuerpo, sino que ese "es cuerpo, alma, espíritu y corazón". Estos cuatro elementos no son partes de un compuesto, sino formas o expresiones diversas en que el ser humano llegaba a manifestarse cada vez: de alguna o de otra manera.


Cuerpo-carne


No se trata del material del que está compuesta una persona, sino de cuánto y cómo se manifiesta al exterior en forma de limitación, incompetencia, caducidad y escasez de miras o de aspiraciones. Carne o cuerpo en ese estado en que el ser humano se muestra débil, inseguro y como si no logrará trascender o ser más, como hoy se dice. Igualmente, con el cuerpo, el ser humano muestra solamente su aspecto pasajero, su impotencia o debilidad (Génesis 2, 23; salmo 63.2; 84.3; Ezequiel 16-26).


Alma


No se trata de una sustancia que sostiene al cuerpo, como decía la filosofía antigua; o la parte invisible y mejor del ser humano, su situación de carencia (hambre, sed) temor y anhelo; o bien su emotividad y vitalidad (levítico 17,10; Isaías 5, 14; salmo 41.2-3; Marcos 14, 34).

 

Espíritu


El estado "de espíritu", "en el espíritu" o manifestación "espiritual" no es algo interno al individuo y que no se puede palpar al exterior, sino todo lo contrario. Es el elemento o bien el estado en que la persona se haya fortalecida, animada, revitalizada y dinámica. Se trata, pues, de algo bien visible y no de algo oculto. Cuando los apóstoles en Jerusalén quieren que la comunidad griega elija sus diáconos no piden nombrar a gente devota o piadosa sino activa ("llena de espíritu"). Igualmente, cuando llega el espíritu divino el día de Pentecostés, no ocurre como un algo etéreo sino como una fuerza que hace retumbar el lugar en donde se encuentra la comunidad, una ráfaga de viento; se deja ver y visiblemente se reparte a todos y también los dinamiza para que salgan a dar su testimonio (hechos 2, 2-4; 6, 5). Igualmente, en el antiguo testamento el espíritu divino es como una fuerza que crea cambios efectivos y significativos como cuando sopla sobre el mar y se separan las aguas (éxodo 14.21) o como cuando ese espíritu se posesiona de los jueces y profetas convirtiéndolos en líderes que actúan o abran en favor de su pueblo (jueces 14,19; Isaías 61,1-3; hechos 5, 32; 15, 28).


Corazón


Más que esa visera que los humanos tenemos en el tórax, se trata de la sede del deseo, razón, pensamiento, conocimiento, ciencia, memoria, intención y voluntad. Por ello, cuando la escritura habla de curar al ser humano alude, ante todo, al cambio de corazón, puesto que, renovándose, el humano resulta una criatura nueva (Jeremías 31, 33; Ezequiel 11, 19; 36, 26; salmo 51, 12; 2 corintios 3, 3; Mateo 11, 29; 15, 18).


La vida en comunidad


La tradición bíblica señala que "el otro" también es imagen e hijo de Dios, lo mismo debe respetársele, acogérsele y cuidarle. Esto derivó en el compromiso comunitario de unos con los demás (Deuteronomio 16, 11-14; Isaías 58, 3-10). Para manifestar ese cuidado mutuo, los autores bíblicos señalan áreas especiales.

 

Corresponsabilidad


En la comunidad todos son corresponsables, pero tal actitud se muestra mejor con los grupos débiles y oprimidos (subsidiariedad). Huérfanos, viudas, avecindados en la comunidad o extranjeros y en varios textos, también los levitas que no tienen un espacio tribal propio (Deuteronomio 10-17-19; 14, 29; Zacarías 7, 10; Lucas 10, 29-37).

 

Misericordia


Derivada del término hebreo "réjem" ("matriz" o "entrañas"), esta actitud se veía en la piedad, clemencia y bondad (hesed) que el mismo Dios era el primero en manifestar para todos por igual. Por lo mismo, también en la comunidad debía verse la misericordia en forma de ayuda desinteresada y solidaridad mutua (Génesis 4, 13-15); como responsabilidad individual dentro del grupo para evitar ser carga al mismo (Ezequiel 18-1-32); y a manera de limosna, que no era comunicación de un sobrante, si no la identidad de la persona en forma de regalo o don para los otros y que el nuevo testamento llama caridad (Romanos 13, 8-10; Mateo 7, 12; Juan 13, 34; 15, 12).

 

Ausencia de vida


La muerte no es el único antagonista de la belleza de la vida, sino también del sufrimiento y la lejanía de Dios que la escritura resume en el término "pecado". Los hombres de la escritura llamaron a estas tres realidades de formas diferentes. Hablemos de cada una, en síntesis:

  1. La muerte: Aunque los autores sagrados la vieron como el final de la vida humana orientaron a los creyentes a hallarle otro sentido: comenzaba con la alimentación humana; ocurría cuando una persona, comunidad o pueblo, abandonaba a alguien a su suerte; y se evidenciaba en la enfermedad, ignorancia, prisión, pobreza, hombre y soledad. En el antiguo testamento se echaron algunas miradas más allá y se llegó a confesar: "yo sé que mi redentor vive; y mis ojos lo verán" (Job 19, 25, 27); y el profeta Oseas vislumbra que "en dos días nos devolverá la vida y al tercero nos levantará" (6, 2); mientras que un salmista de corazón goza y ex salta mi alma porque no abandonarán mi vida en el sepulcro ni dejará que tu santo (tu fiel) experimente la corrupción" (salmo 16, 9-19).

El nuevo testamento fue más explícito al hablarle de las curaciones de los enfermos por parte de Jesús, de su victoria sobre la muerte que afectó a una niñita, al hijo de la viuda de Naín y a su amigo Lázaro de Betania (Marcos 5,   21-43; Lucas 7,  11-17; Juan 11, 1-44) pero, sobre todo, cuando los evangelistas reportan los varios encuentros del mismo Jesús resucitado con sus discípulos (Mateo 28; Marcos 16; Lucas 24; Juan 20-21) o bien los de escritores al reflexionar sobre este misterio (colosenses 3,   1-4).

  1. El pecado: El antiguo testamento propone muchos términos para hablar de la realidad del pecado en la conducta humana. entre otros, sobresalen: el equívoco, error, falta, infidelidad, culpa, impiedad, mal o maldad, desobediencia, alejarse de Dios y similares.

El nuevo testamento abrió el panorama a considerar, que, aunque el mal crea ciertamente fracturas en las relaciones de uno con otro o del humano con su comunidad y con el señor, existe el perdón de Dios para esta cerrazón humana y que, además, de ese mal puede resultar una "enseñanza" y no solamente un desastre.
Aunque autores de San Pablo dejaron catálogos de males y vicios humanos (Romanos 1, 29-31; 1corintios 5, 10-11; Gálatas 5, 19-21; Efesios 5, 3-5), se dedicaron más a acentuar la bondad de Dios mostrada en Jesucristo y en su encarnación.
Esta es la visión final queda el libro del apocalipsis al presentar el mundo nuevo según Dios y en el que participan los que permanecen fieles a la fe (apocalipsis 20-21). ¡Parece un sueño…Pero evoca una realidad!


De padres a hijos, la era de los padres

¡un desastre que cambió todo…!


Según los datos de la escritura, hacia el año 609 a. C., murió en Jerusalén el rey Josías. Fue un rey piadoso y realizó varias reformas para su ciudad y su reino, inclusive una religiosa. La Biblia narra las hazañas del rey en 2 Reyes 22-23 y la repite en 2 crónicas 34-35.
Los autores de tales relatos quisieron dejar constancia de la bondad de ese monarca, quien actuó como el rey Ezequías, predecesor suyo, dos siglos atrás (2 Reyes 18-20 y 2 crónicas 29-32). Como era de esperarse, ambos relatos quieren hablar bien de los dos Reyes y dejar constancia de su piedad y cercanía a todos los valores positivos del reino de Jerusalén.
Pero muerto el rey Josías, todo volvió a ser un tanto confuso y difícil. Llegaron los babilonios. Primero, desvalijaron Jerusalén, quitando al nuevo rey y gente eminente; y luego, destruyeron la ciudad, por reales o supuestas sublevaciones de la población. Se dieron tres deportaciones: una, hacia el año 598 a. C.; la segunda entre 587 y 586, y la tercera, en 582 a. C.


Es fácil imaginar la catástrofe de Jerusalén: sus autoridades civiles y militares fueron erradicadas del país; sus instituciones religiosas (culto en el templo, sacerdocio), destruidas; y el pueblo: abandonado, a la pobreza y a merced del conquistador. ¡Como casi siempre!
De los textos y datos de esa época se pueden entresacar algunas noticias interesantes en torno a quienes fueron deportados en ese entonces:


- Unos fueron llevados a Babilonia (años 598 y 586 a. C.);
- Otros prefirieron huir a Egipto o países vecinos (582 a. C.);
- Algunos pobres se quedaron en el país y fueron adueñándose de lo poco que quedo.
Entre los textos que se ocupan de esta situación hay algunas alabanzas como el salmo 137 que relata la situación de los deportados; las llamadas "lamentaciones de Jeremías", en que grita el desamparo de Jerusalén como si se tratara de una mujer o doncella ultrajada y abandonada; y varios relatos de algunos profetas contemporáneos a la catástrofe (Ezequiel, Jeremías, Sofonías, Nahúm y Habacuc) junto a otros posteriores que evocan ese desastre, aunque ninguno de ellos dejó una fotografía o una radiografía exacta del caos.
Pero fue precisamente en este tiempo en el que Israel ahondó más en su pasado y encontró como las advertencias de otros profetas y mensajeros de Dios ya habían hablado, en cierto modo, de lo que podría acontecer si sus autoridades no se ocupaban del pueblo y si éste no dejaba de coquetear con los rituales paganos o con una religiosidad malentendida. En otras palabras, habría que rescatar los principios de la fe original de Israel para seguir viviendo, aprender a leer los acontecimientos recientes y volver al plan inicial del creador.
En el periodo de reconstrucción, entre los siglos V-III a. C.; Esdras, Nehemías y otros iniciaron la restauración del antiguo culto, establecieron nuevas vías de conducta y formas de vida y recopilaron las antiguas tradiciones. Todos trataban de reflejar los ideales del "resto" como lo habían pronosticado los profetas: los que volvieron del exilio, por su experiencia de fe; los que se quedaron en Palestina, por su resistencia y conservación de suelo patrio. Pero tanto unos como otros trataron de restaurar el templo hacia el año 515 a. C. y apoyar la vida de la comunidad en torno a él y a la Torá (Pentateuco) que, por entonces, se concluyó y se editó.

 

El primer tratado de ecología


Los primeros 11 capítulos del libro del Génesis ofrecen las pautas que seguía el pueblo en su nueva tierra y con todo mundo. Sus autores utilizaron los conocimientos adquiridos en tierras de Babilonia que le sirvieron para dibujar a la tierra con tintes orientales:


- El suelo como edén o lugar de delicias (Génesis 1-3);
- Formación del ser humano con arcilla y a ése, ligado a la tierra (adamáh) por el nombre mismo que lleva a cuestas: Adam="humanidad" (Génesis 1-2);
- Listados de ancestros que unían a Israel a la humanidad primera (génesis 4-5);
- Salvación del diluvio en una gran nave (6-9);
- Explicación de las relaciones entre todos los pueblos como si se tratase de la historia de la única familia de Noé y de sus hijos: Sem, Cam y Jafet (génesis 10);
- Victoria de la unión sobre la desunión creada por el orgullo babilonio con sus grandes torres; y el estado de los ancestros más recientes de Israel (Génesis 11).

En el pasado, algunas obras interpretaban los relatos de la Biblia literalmente. Muchas de ellas trataban de conciliar los avances de la ciencia con los relatos bíblicos y, por ejemplo, se daban a la tarea de combinar las propuestas del evolucionismo con los días de la creación; el relato del arca de Noé con los restos de alguna leña en las laderas del monte Acarat en Armenia; o también querían a toda costa identificar el lugar exacto del paraíso y sus ríos.
En la actualidad se trata de entender el sentido de aquellos textos religiosos y acomodarlos a la experiencia de fe de las comunidades actuales en forma tipo lógica como lo hicieron Jesús al hablar del reino de Dios o la "segunda carta de San Pedro" al hablar del bautismo cristiano (2, 4-10) y San Pablo al comparar evangelio y Torá (Gálatas 3, 6-14).


Relación con la tierra


Primeramente, la humanidad está en relación con el mundo. Se trata no de violentar la tierra o explotarla, sino de convivir con ella. También ella es criatura de Dios y se le debe respeto. Da sus frutos, si el ser humano sabe trabajarla ordenadamente, pues también a él toca hacer de ella un paraíso.
Cuando el texto bíblico habla, por ejemplo, del trabajo humano no lo reduce al cansancio ("con el sudor de tu frente labrarás la tierra…"; Génesis 3,17), si no aplica lo que mucho antes el creador había pedido del ser humano puesto así: "para labrarlo y cuidarlo" (génesis 2, 15). Más todavía, el trabajo se presenta como la actividad que el mismo Dios realiza al organizar al mundo (génesis 2, 1), de modo que, al trabajar, el humano… ¡Se parece a Dios!
Así pues, el trabajo es una forma de imitar al Dios creador que se ocupa de las cosas y del ser humano; es una manera de relacionarse con la tierra en donde el humano vive y a la que pertenece; es una ocasión para relacionarse con sus hermanos trabajadores; y, asimismo, una forma de obedecer a Dios quien lo ha creado en el nuevo testamento, el mismo Jesús presentará a Dios precisamente como "el trabajador" por excelencia (Juan 5, 17).

 

Relaciones con los demás pueblos


Por muchas razones, frecuentemente los seres humanos se confrontan entre sí. Ocasionalmente se trata de una sana convivencia con un ingrediente de competencia. Sin embargo, en muchas otras situaciones, los humanos competimos no por sano ejercicio sino para predominar sobre terceros, sacar partido y vivir a costa de otros.
Israel conoció muchas de estas confrontaciones y llegó a ver en el otro a "la competencia" en sentido negativo. Era un enemigo y, al desconocer sus cualidades o "poderes", lo tenía como un extraño a quien no se le permitían los privilegios en la vida de la comunidad judía, comenzando con los del templo (éxodo 23, 23-33; Josué 8; Esdras 9).
De esta utilidad hablan los primeros capítulos del Génesis, sea al constatarla que al tratar de evitarla. El postulado inicial es que todos son hijos de la misma pareja. La Biblia nos habla de ciencia y, por lo mismo, examina la situación humana como una cercanía natural entre los seres humanos, independientemente de su procedencia y circunstancias. Todos ellos son hijos de los mismos padres y, finalmente, se remontan hasta Dios, el padre común. Por lo tanto, no debe haber ni enemistar entre hermanos (Abel y Caín: Génesis 4, 1-16) ni leyes que apoyan los privilegios con que unos pocos puedan agredir a los demás (Lam 4, 19-24).
Así como el extranjero Abraham había sido para Israel tipo del creyente en el remoto pasado, así en la época reciente podría ser lo mismo la figura de Moisés, extranjero y descendiente de aquellos primeros emigrantes a Egipto, en tiempos de José (Génesis 37-50). Varios siglos después, también Jesús es presentado haciendo experiencia de extranjero: de niño, yendo a Egipto; adulto, visitando Sidón, Samaria y la Decápolis; y sus discípulos, yendo por todo el mundo (Mateo 2, 13-23; 28, 19-20; Marcos 4, 35-5, 20; 7, 24-8, 30).


Historia de la familia de Jacob


La historia del Israel posterior al exilio, como quedó asentada en el antiguo testamento, más que un conjunto de datos precisos sobre el pasado, refleja lo que el Israel creyente veía en ese momento frente así y como se lo aplicaba para seguir viviendo:
- se trataba de aquel "glorioso pasado" en el que Dios hablaba cara a cara con los padres, cuyos modelos eran Abraham, Isaac, Israel, Jacob y, luego, sus ancestros recientes;
- Abraham, antiguo iraquí, fue el iniciador del nuevo camino ("sal de tu tierra… Y ve a la tierra que te mostraré…", Génesis 12, 1-3) y el creyente que no rehusó entregar a su hijo, a Dios, no porque este lo quisiera "sacrificado", sino porque el gesto de entrega y disponibilidad suprema de quien confía en Dios (Génesis 22). El nuevo testamento se sirve de pretexto para hablar de Cristo yendo hacia el calvario (Juan 19, 17-18);
-  Isaac fue la evidencia de que Dios cumple sus promesas (Génesis 21-24). Hijo de madre estéril, llegó a ser el puente entre el gran padre o ancestro común (Abraham) y el futuro pueblo que llegó a ser a partir de las 12 tribus relacionadas con Jacob. Sin embargo, la antigua leyenda reconocía que Isaac no estuvo solo que vivió cercano a su medio hermano Ismael, quien sugería su propia ruta en las tierras del sur de Palestina (Génesis 21, 5-21 y 25, 12-18). Pero la línea de Isaac era la preferida…
- Jacob, por su parte, resultó el tipo fuerte que dio Israel su carácter y su futuro. Sus 12 hijos, cuyos listados no siempre se acomodan del mismo modo, justificarían más tarde porque Israel se sentía dueño de casi todo el territorio palestino (génesis 25-36 y 48-50). Primeramente, este Jacob compitió con el hermano Esaú; y luego, a pesar de hechos equívocos y no bien justificados, serviría de puente entre dos extremos: entre José, el hijo que engendra, haría a la familia ante el imperio egipcio (génesis 37-50) por un lado, y Judá quien más tarde aparece triunfante entre sus hermanos, sobre todo bajo la guía de David sus hijos, los reyes de Judá y de Jerusalén (1 Samuel 16-30 y 2 Samuel; 1-2 Reyes). La tradición bíblica no asocia al misterioso Israel (Génesis 32, 23-32).
La historia remota de este pueblo parece relacionada así con los orígenes de la humanidad y con la realidad de los pueblos vecinos. Primero, con todos los pueblos de Canaán, la franja de territorio del océano oriente contiguo al mar mediterráneo (sobre todo con los filisteos de la costa: números 33, 50-56); y, luego, con el resto de los pueblos cercanos de Palestina y de Jordania (hijos del Lot: moabitas y amonitas en Génesis 19, 30-38), así como con los grandes imperios dominantes. Antes del exilio: los egipcios, arameos, babilonios y asirios; y después de este, los persas, griegos y romanos, hasta la desaparición de los judíos bajo el poderío de estos últimos entre los años 68 y 74 d. C., primero; y luego, entre el 132 y 135 d. C.

 

Éxodo


No se trata sólo de salir de un lugar determinado, sino de saber también hacia donde se va; de ser capaz de dejar todo en función de una nueva tierra; y arriesgar una seguridad como esclava y adoptar una libertad con riesgos; de sentirse libre y decidido a elegir siempre y en cada momento escuchando a Dios; y de preferir una "éxodo horizontal". acompañando a un pueblo que elegí un "éxito vertical" y quedar aislado, arriba, mirando a los demás debajo.

 

Torá


No es inicialmente una ley que todo regula o un operativo que debe obedecerse para evitar un error o castigo, sino la escucha de la voz divina que enseña la verdad de las cosas, de la vida, la historia y las relaciones mutuas con ellas y con los demás. Por ello, en primer lugar, decir Torá es decir una enseñanza. Asimilarla ("escucharla") convierte a quien lo hace en discípulo, seguidor y ejecutante de la misma voz de Dios.
Esto es lo que supone el texto ya clásico en que se resume la fe del pueblo de Dios:
"Escucha, Israel: el señor es nuestro Dios”.
“El señor es uno solo”.
“Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas"
(Deuteronomio 6, 45).

 

Meditación sobre el pasado


Poco antes del exilio de Babilonia, el reino de Jerusalén había reunido la red de varios profetas del norte del territorio (Samaria) y las había ampliado y retocado en vistas a una mejor comprensión de su estado actual. A ese conjunto de meditaciones hoy se le conoce como "tradición Deuteronomista" que comienza precisamente con el libro del Deuteronomio y luego se extiende a otros seis grandes libros: Josué y jueces; 1-2 Samuel, 1-2 Reyes. Así, estos siete escritos sintetizan el glorioso pasado de la comunidad de la que se habla al principio de la sesión. Su objetivo es, lograr que quien tenga presentes tales escritos no sea un lector pasivo, si no se sienta implicado en lo que ahí se propone: una enseñanza para siempre, una manera de leer el pasado y el mejor modo de captar en tal pasado no "el hecho en sí", sino la huella de Dios, el ritmo de la historia y la voz de la experiencia hecha vida.


Vivir es convivir


Raúl Follereau dedicó varios años de su vida a vivir entre leprosos, sintetizó en la frase del título de esta sesión, algo que los libros bíblicos señalan continuamente: ¡vivir no es más que convivir! La vida es una experiencia única que tan sólo por eso, por vivirse una sola vez, debería ser vivida densa, atenta y bellamente en cada uno de los momentos que comprende.
Los autores de los textos bíblicos incluyeron la bondad de la vida partiendo de la identidad que cada persona debería tener consigo misma, con el grupo el que pertenece, con la tierra en que vive. Por ello, si, por una parte, descubrieron esos autores que la vida misma era una bendición que llevaba a vivir íntegramente entre los semejantes, con nacionales o extranjeros, por la otra, también incluyeron formas con que podrían superar las dificultades del momento como los consabidos choques, diferencias o malentendidos entre semejantes.
Al final, lo que interesa, -según los autores bíblicos-, es salvar la vida, puesto que es lo único que realmente cuenta para cada persona; y, luego, extender este cuidado a sus bienes, a sus relaciones y a las situaciones en que llega a encontrarse. Jesús siguió esa misma ruta, aun teniendo que hacer frente al ofuscamiento, a la desatención y ocasionalmente la miopía de sus contemporáneos.

 

El papel y el lugar de cada uno


Cada quien en su lugar cuando se lee una "introducción a la Biblia" es frecuente descubrir que sus capítulos tratan del origen de los escritos, sus características y grupos principales como son "los profetas".

 

La figura del sacerdote


Junto a la figura del rey, el antiguo testamento habla mucho del sacerdote como especialista en cuestiones del culto. En los tiempos más antiguos fue una función del jefe de familia o del patriarca. Éste realizaba esos actos "mayor en la comunidad", función que perduró en algunos momentos como en la celebración familiar de la Pascua, presidida precisamente por el más anciano de la comunidad familiar.
En un segundo momento, el culto parece haber sido una función asumida, propia o delegada, por el mismo rey, quien actuaba de intermediario divino ante su comunidad. Posteriormente, el sacerdocio para hacer una especie de encargo que el rey reconoce a personas específicas a modo de ministros para cuestiones religiosas, sea porque pertenecen a la tribu especial de Leví, sea en cuanto encargados del culto, como fueron Sadoc y Abiatar en tiempos de David quienes tenían el "efod" y cuidaban el arca (1 Samuel 23, 6-12; 2 Samuel 8, 17; 15, 24-29).
Sin embargo, la función de relación con Dios con o sin intermediario, dentro y fuera de Israel, abunda en la tradición bíblica desde el Génesis (Génesis 4, 3-5; 8, 20; 22; 28, 10-22; 35, 1-4…).
Más tarde, el desarrollo de su función fue ampliándose y paso del cuidado del santuario a la consulta de Dios a favor de la gente, a los sacrificios y ofrendas; a la calendarización de las fiestas y rituales y, probablemente también a la composición de piezas litúrgicas y salmos; al cómputo del tiempo; a la atención de los rituales de pureza sagrada, comenzando por alabar la legitimidad de la descendencia, y al copiado y conservación de los escritos sagrados.
Después del exilio (siglos VI-V a. C.), los sacerdotes se apropiaron de la misma dirección de la comunidad llegando a hacer de Israel no una monarquía sino una "teocracia" dirigida por el mismo Dios (a través de ellos) y con apoyo en la Torá o cuerpo legislativo más antiguo, que el Pentateuco. Tal situación se extendió hasta los tiempos de Cristo en que convivieron el sacerdocio patrocinado por los esenios en Qumrán y reconocido en los documentos hallados ahí; y el sacerdocio saduceo que precedía y representaba a la comunidad de Judea desde el tiempo de Jerusalén.
Como Jesús no pertenece a la línea sacerdotal y si muchas veces enfrentó las propuestas y tradiciones de los ministros del templo, los escritos del Nuevo testamento siguieron otra ruta respecto al tema del sacerdocio que fue desarrollado ampliamente en la carta a los hebreos.


La mujer en la tradición bíblica


Con frecuencia se escucha que la tradición bíblica relegó a la mujer a o que fue machista. En todo caso, cabría más bien hablar "la cultura patriarcal". Pero lejos de aceptar tal afirmación, la mujer tuvo un lugar prominente en ambos testamentos. Los testimonios y apoyos a esto son múltiples y para las más diversas actuaciones:


- De haber sido machista la tradición bíblica, se hubieran excluido del canon los libros de las heroínas Ruth, Judit y Esther; o hubieran evitado citar a la madre de los Reyes a la hora de su coronación o entronización;
- En varios relatos bíblicos destaca la mujer, no sólo como complemento a la humanidad para unir, sino como agente o protagonista de escenas significativas, como en los casos de Eva junto Adán, provocadora de la "primera palabra humana" registrada en la Biblia, luego de su aparición (Génesis 2, 23); y la compañía de la misma Eva, de la esposa de Noé y de sus hijos a sus respectivos esposos en el surgimiento de la humanidad (Génesis 4; 6, 18).
- En el antiguo testamento destaca el tema de la mujer como instrumento de salvación por parte de Dios y el parto de su hijo como inauguración de los tiempos mesiánicos. Esto se ve en diferentes textos proféticos (Génesis 3, 14-15; Isaías 7, 14; Miqueas 5, 2; Jeremías 31, 22); y en situaciones en las que su intervención es providencial (éxodo 2.21; 4, 24-26);
- En otros cuadros bíblicos, la mujer como personas o figuras femeninas son asociadas a la salvación, como en el caso de la matriarca Raquel, la profetiza Miryam cercana a Aarón y a Moisés, la prostituta Rahab de Jericó, la juez Deborah y la casera Jael, o la concubina Ritzpá, Betsabe, esposa de Urías y madre de Salomón y tantas otras (Génesis 30, 1-25; 31, 14-35; éxodo 15, 20-21; Josué 2; jueces 4-5; 2Samuel 3, 7, 11-12, 21, 10-11);
- La genealogía o listado de ancestros registra casos de presencia femenina. Basta ver la de Jesús en Mateo, que aparecen Tamar, Rahab, Ruth, Betsabe y María (Mateo 1);
- De igual manera, en el Nuevo testamento aparecen varias mujeres al lado de Jesús que, a diferencia de la costumbre judía, reacia a que los rabinos tuviesen seguidores de género femenino, él   acepta su compañía (Lucas 8, 1-3);
- Y el nuevo testamento no duda en citar los casos de grandes mujeres o bien de Marta y Miriam, amigas de Jesús o de las diaconizas en las primeras comunidades cristianas y en otros ministerios (Lucas 10, 39-42; hechos 1, 14; Romanos 16, 1; 1 Timoteo 5, 3-16);
- También el nuevo testamento destaca mujeres como signos de la fuerza del Evangelio en los casos de las mujeres curadas por Jesús o amparadas por su misericordia, como la viuda de Naím, la pagana siro-fenicia, la mujer curara de su flujo (Lucas 7, 11-17; Marcos 5, 25-34; 8, 24-30); además de los ejemplos notables de Israel, la madre de Juan Bautista y de la profetiza Ana (Lucas 1, 35-45; 2, 36-38);
- Y un lugar privilegiado tienen María, la madre de Jesús, y María Magdalena, testigo de su resurrección y mensajera de esa verdad a los apóstoles (Mateo 1, 23; Juan 20.11-18).

 

Evidentemente, el catálogo de ambos testamentos se alarga con más imágenes y metáforas alusivas a la salvación con un aroma o "rostro femenino", como en el caso de la misericordia cuya raíz se haya en el órgano y la función que da la vida (réjem: matriz) y que los pensadores del antiguo testamento refirieron a la actitud de Dios con los humanos (Oseas  1-2;Ezequiel 18; 23); o como en el nuevo alude a la comunidad cristiana salvada del desastre, yendo al desierto (apocalipsis 12) y otros escritores la clasifican como esposa (Efesios 5, 22- 33) o bien cuando se alude a los tiempos del mesías como si se tratase de una boda (Mateo 9, 15; 25, 1; Juan 3, 29; apocalipsis 19, 7-9; 21, 2).


Los años cuentan
La literatura sapiencial en la escuela de la vida


Como otras literaturas contemporáneas o anteriores, la Biblia del antiguo testamento se fijó en los problemas serios de la comunidad humana. Por ello sus tapas pueden verse como las varias situaciones sociales a las que los sabios de Israel debían ayudar con sus consejos:


- Sabiduría existencial o práctica: la que se refiere al sentido común de hacer bien las cosas y que se transmitía de padres a hijos a un antes del exilio. ejemplos de este tipo son varias secciones del libro de los proverbios (10-22 y 25-29);
- Sabiduría regia o del gobierno: fue enseñada en las Cortes de Samaria o Jerusalén, propio para educar a los príncipes, nobles y personal administrativo como se puede aún descubrir aquí y allá entre libros Sapiensales (eclesiástico 15, 1-10; 19, 13-17; 32…);
- Sabiduría moral: es aquella cuyos elementos se orientan a la educación, la conducta y las actitudes fundamentales del piadoso visibles en virtudes y comportamientos;
- sabiduría religiosa o divina: fue aquella en que se identifica con la providencia divina y se presenta a manera de una personificación que invita a adecuarse la voluntad de Dios en todas las esferas de la vida (proverbios 9, 22-31).

Los escritos Sapiensales bíblicos surgieron precisamente cuando la situación de tranquilidad de Jerusalén permitió a esos escritores sagrados y hagiógrafos orientar a la comunidad con una nueva alternativa ante las propuestas de otros grupos piadosos. Esto ocurrió durante el periodo de la dominación cultural persa (siglos V-IV a.C.) y el de la griega (siglos III- I a.C.).
En ese tiempo, se acentuaron diversas situaciones y varios ideales, se trató de:
- Un periodo marcado por la crisis de identidad. ¿quién era el auténtico judío? Esdras y Nehemías debieron hacer frente a esta crisis y resolver la situación con apego estricto a la ley, aun teniendo que recurrir a la disolución de matrimonios mixtos, es decir, entre un esposo o esposa judía y contraparte extranjero o pagano (Nehemías 8-10 y Esdras 9-10);
- Un tiempo en que hubo nostalgia por el pasado al que se pintó con caracteres vistosos e ideales (Eclesiástico o Sirácide 44-50; sabiduría 6-8 sobre el ejemplo de Salomón; bien 10-19 como una extensa meditación sobre el tema del éxodo). Pensadores escribieron una especial entre la sapiencial y la profética y sus escritos resultaron un tanto barrocos. Los apolíticos (Zacarías 9-14 e Isaías 24-27; 34-35; Daniel 1-7);
- un ambiente en que predominó la observancia absoluta y preponderante de la Torá o ley, asumiéndose a Moisés como el gran legislador y a Aarón como el prototipo del sumo sacerdote que concentraba el poder sea civil que religioso (Zacarías 6, 11-13; eclesiástico 50, 1-21), cuyos ejemplos mayores resultaron los hermanos macabeos en el siglo II a.C.

Para acomodarse a la situación y proponer perspectivas claras, "los sabios":
- asumieron su experiencia mundana como inspirada por la sabiduría de Dios, hicieron un horizonte a la piedad no ligado al templo sino la vida virtuosa;
- aprovecharon la autoridad de los antiguos patriarcas y ancianos para presentarse como los "padres y madres" de la comunidad que enseñaba a "sus hijos" (proverbios 1, 8-10; eclesiástico o Sirácide 2, 2; 3, 1…);
- Hablaron de los graves valores de la solidaridad, corresponsabilidad y de la misericordia de los grupos más solventes hacia los pobres (5, 1-8; 22, 1-2);
- Utilizaron las promesas mesiánicas de antaño (Jeremías 31, 31-34; Ezequiel 18, 26-32) orientándolas hacia los temas de la paz, sensatez, felicidad, disciplina, respeto y otros valores humanos reflejados en el arte del bien vivir (Sirácide 7-10; sabiduría 3; 9);
- Adaptado en tradiciones legales, sea mandamientos que temas poéticos, a la realidad del momento a manera de tratado: Job, como el drama de la vida humana; cantar de los cantares, como experiencia avasalladora del amor humano, común a cada uno; Qohélet o Eclesiastés y sabiduría a la reflexión sobre el sentido de la vida humana, en general;
- Y, finalmente, hicieron algo interesantísimo para la mayoría del pueblo laico: ¡llevaron la teología del templo a la calle, del rito a las relaciones humanas, el tiempo sagrado al devenir de la vida, y del sacrificio ritual y festivo…! ¡A la práctica diaria de la virtud!

 

Los modelos de piedad
El libro de Ruth


El escrito describe varias escenas del tiempo de los jueces, esto es, apenas llegado el pueblo a su nueva tierra de adopción. Protagonistas son las mujeres. Sólo, a lo largo de la segunda parte, aparece Booz, figura masculina, para destacar lo hecho por ellas.
El tema del escrito versa sobre la situación de la extranjera Ruth. Es moabita y no judía, pero ha aceptado pasar al pueblo de su suegra Noemí, una vez que ambas han quedado viudas: "no insistas en que te abandone… A donde vayas, voy; y en donde te detengas, me detendré; tu pueblo será mi pueblo; y tu Dios será el mío; donde mueras, moriré yo y ahí sepultada" (Rut 2, 16-17).
Luego de su retorno al área de Belén, siguió su trabajo en el campo, su enamoramiento y matrimonio con Booz, y, como consecuencia, su ingreso a la larga lista de los ancestros del mesías. Entre líneas puede rescatarse el tema de la solidaridad con la viuda, el acercamiento entre nativos y extranjeros, y la defensa del pobre de la viuda, a través de la figura del "Goél".   El pequeño escrito suele colocarse entre los siglos VII y IV a.C.


El libro de Ester


El escrito habla de la liberación de la comunidad judía en el extranjero, y más concretamente en la capital del imperio persa, por intervención de una mujer, como en el caso del libro de Judit. Esta vez he trata de una bella y joven mujer que llegará a ser nada menos que la reina de Persia. Por los tronos el escrito, se le ubica al final del siglo IV a.C.
Junto a la protagonista, apenas aparece su pariente Mardoqueo, quien también llegará a fungir como primer ministro en el reino para sustituir a los Amán cuyo triunfo se celebrará después con la fiesta de las suertes o fiesta de Mardoqueo (Ester 9, 20-32; 2 macabeos 15, 36).


El libro de Judit


El tema se alarga sobre la situación dolorosa del pueblo hebreo, sitiado por el poderoso ejército asirio en su ciudad de Betulia. Lenta, pero lógicamente, se suceden los personajes: el prepotente general Holofernes, seguro en la fuerza de las armas (Judith 2-3; 5; 7); el amonita Aquios que profetiza a favor de Israel y acepta la fe judía (Judith 6); y la piadosa viuda Judit quien convence primeramente a los ancianos del pueblo apoyarla y, enseguida, arriesga su vida introduciéndose en el campamento asirio con el propósito de doblegar a su general (Judith 8-12). Muerto Holofernes en su tienda por mano de Judit, ésta vuelve a los suyos, muestra la cabeza del general y provocar que se ataque a los asirios haciéndolos huir (Judith 13-14).
El autor de esta "vida ejemplar" acentuó los temas religiosos importantes en su época (siglo II a. C.) como: el valor de la oración, la apertura universalista a otras naciones, el peso de las leyes de pureza ritual y la inclusión de Samaria norte como parte del territorio nativo, aunque utilizando una geografía poco ortodoxa. Pero a favor de Judea.


El libro de Tobías


El texto, posiblemente escrito antes en lengua árabe media, relata la historia de "Tobi" o "Tobit" que quedó ciego y envía su hijo Tobías a cobrar la deuda de un pariente que reside en Ecbatana. se trata de la historia de una familia residente fuera de Palestina, descendiente de deportados del activo de Neftalí.
Tras largas peripecias de viajero, acompañado por Rafael que se revelará finalmente como un mensajero divino, Tobías se casa con Sara, pariente lejana, dominada por un poder del demonio Asmodeo que le ha evitado ya siete matrimonios anteriores.
El autor de esta "vida ejemplar " enfatizó el tema de la providencia divina guía del creyente a lo largo de sus experiencias de vida, como el sentido de familia y del matrimonio, la oración y confianza en Dios, la práctica de obras de misericordia (sepultada los muertos, dar limosna) y el encuentro con un Dios compasivo que cuida sus criaturas.
Vistas en conjunto, las cuatro obras acercan el mundo judío al de los extranjeros o viceversa y señalan que cualquier situación, por riesgosa que sea, puede tener solución cuando se está de por medio la piedad y la confianza en el Dios que salva.

 

La literatura heroica


La tradición judía escrita conoce cuatro libros de los macabeos: dos forman parte del canon cristiano, los otros quedaron en el grupo de los escritos apócrifos. Pero, las tradiciones judías y protestante cristiana, no acepta los dos primeros como sagrados o canónicos. El nombre se debió al apodo dado a Judas, el macabeo (1 macabeos 2, cuatro), que pasó a sus hermanos.
Ambos escritos narran épicamente las gestas de los hijos del sacerdote Matatías durante el periodo de la dominación griega de Siria sobre Palestina, aunque refiriéndose a dos periodos históricos: 1 macabeos abarca acontecimientos entre los años 175 y 134 a. C.; 2 macabeos es la síntesis de cinco tomos del historiador Jason de Cirene que incluye hechos entre los años 177 y 162 a. C. el primero es más dinámico y emotivo; el segundo, más didáctico y moral.

  1. Macabeos: El escrito ubica históricamente al lector en la historia contemporánea (1) y, enseguida describe el inicio de la revuelta por parte de Matatías (1-2) para dejar a continuación los hechos en que participan sus hijos: Judas Macabeo (3,1-9,22), Jonatan o Jonatas (9,23-12,53) y Simón (13,1-16,24).

Aunque el escrito posiblemente en hebreo, el texto griego actual surgió hacia los años 130 o 100 a. C. para avalar el peso de la tradición hebrea ante el avance de la cultura helenística. Por ello, en el escrito prácticamente se identifican la lucha en defensa del templo y las instituciones judías con una revolución nacionalista, en que se destacan elementos válidos de la fe judía como la circuncisión, oración en la dificultad, fidelidad a la tradición de los mayores, defensa del templo y asistencia divina a la comunidad de Israel.
Bajo el aspecto literario, el escrito destaca el heroísmo de sus protagonistas y su astucia en lidiar con los extranjeros y sus propuestas.

  1. Macabeos: Este escrito, haciendo honor a su interés histórico de acuerdo a la época, sigue el lenguaje de ésa, incluye algunos documentos epistolares a favor de los judíos y se dedica también a edificar a sus contemporáneos (2, 25; 15.39) insertando apariciones celestes en el devenir de los hechos e incluyendo el tema de la resurrección de los muertos, la realidad de la oración de los difuntos y, de alguna manera adelantando lo que reconocerá la comunidad cristiana luego como "comunión de los santos" (6, 18-7, 42; 12, 41-46; 14, 46; 15, 12-16).

 

Saber ver y hablar en nombre de Dios
Los profetas


Si el ser humano de todas las épocas ha buscado en la religión explicación de sí mismo, de su vida, del mundo que lo rodea y de cuánto le sucede. Al hacerlo, este ser religioso "sube de nivel", o sea, trata de explicarlo todo a partir de fuerzas fuera de su alcance, que vienen de fuera ("más allá"), "desde dentro de sí" (conciencia), o "de arriba" (cielo, Dios). Los estudiosos del fenómeno religioso llaman a tal esfera lo "numinoso ", "sagrado" o "sacro".
A su vez, la tradición bíblica, animadas por las concepciones de otros pueblos y por su propia experiencia de fe fue descubriendo que más que conocimiento de fuerzas extrañas, el poder descubrir el devenir de sucesos, cosas y situaciones ocurría gracias a la asistencia especial del espíritu de Dios que la concedía a personas elegidas.
En consecuencia, los textos bíblicos del antiguo nuevo testamento dieron un perfil propio de la función profética, a su manifestación en medio de la comunidad y a quienes los ejercían, llamándolos siervos, mensajeros o enviados de Dios, soñadores, videntes o profetas.
Los párrafos siguientes describirán los acentos principales del profetismo y de la profecía.

 

¿Profeta… Adivino o idealista?


Es bueno conocer la connotación de cada palabra. Cuando no es así, se corre el riesgo de equivocar su comprensión o confundirse dándole un sentido que no tiene. Es el caso de las palabras profecía y profeta, a las que común y ordinariamente se les entiende como "saber o decir hoy lo que será o sucederá mañana".
Otro gran equívoco es el de considerar al profeta como "superdotado", con facultades encima del resto de los humanos; o bien como un futurista o idealista "que ve moros con tranchete".
Primeramente, ambas palabras se formaron de la preposición griega "pro" y del verbo "femi" (decir, en castellano). El segundo elemento, femi, equivale a hablar, decir, pronunciar. A su vez, la preposición puede traducirse en sentido temporal o local. En el primer sentido señala anterioridad, antes, abrir " pre"; en el segundo, "delante de", "frente a", "pro" y "a favor de".
Ordinariamente, se ha entendido a los términos profecía y profeta como la acción y persona que dice o enuncia lo que va a pasar después. En su lugar deberían entenderse ambos términos en su sentido etimológico preciso. Así, al profeta debería más bien comprendérsele como quien habla frente a una asamblea, por ejemplo: el que habla delante de otros, sea en la función de tomar la palabra o la iniciativa en nombre de; o también: el que habla favor de o en pro de (alguien).
Al final de cuentas, al profeta debe entendérsele no como el "adivino" que predice cosas; como el futurólogo que vaticina tiempos mejores, o como el filósofo que habla lógicamente del devenir a partir del presente, sacando consecuencias posibles para el futuro. En cambio, profeta es:


- El encargado por Dios y aprender a contemplar y mostrar el sentido del presente;
- El enviado por el señor a revelar lo que un acontecimiento significa en realidad y no lo que las apariencias dejan entrever,
- El animado por el espíritu (gracias a su cercanía con Dios) en la función de intuir (y hacia adentro de …) los sucesos y hacerlos comprender a terceros, en la óptica de Dios.


Por ello, el nuevo testamento habla de la profecía como de un gran carisma; y del profeta, como de quien, una vez sembrada la palabra, es capaz de interpretarla y acomodarla al ritmo de Dios y de la comunidad en que vive, más que de distraerla con cosas de épocas futuras.
En resumen, la profecía es la "sintonía con Dios" que habilita al creyente no sólo a ver ni sólo a mirar con lógica humana, sino contemplar "… Y a transmitir a otros lo contemplado".


La persona del profeta


La tradición bíblica describió estos personajes por su relación con Dios llamándolos "nabí", "vidente", "contemplativo", "hombre de Dios", "Y", "mensajero" y evidentemente "profeta". Además, ellos pertenecen a todos los estratos de la población. Entre ellos, conocemos al poeta Isaías, a los sensibles Oseas y Jeremías, al sacerdote Ezequiel, a las mujeres Miriam y Deborah y Huldá, al campesino Amós o bien a los visionarios Daniel y Zacarías.
La tradición católica divide a los profetas escritores como “grandes” o “menores”, de acuerdo al tamaño de los escritos que se les atribuyen. Mientras los primeros son Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel; los menores puedan de Oseas a Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y hasta Malaquías; por cierto, este orden no es histórico.
Aunque suele tenerse de los escritos de las personas anteriores como los principales, la lista podría ampliarse a otros más de los que sólo conocemos el nombre; y también, a muchos personajes del pasado que recibieron el título de “profeta” posteriormente, como lo fue para Abraham, Moisés, María, David, Samuel y otros, quizá por su función de intercesores o bien como intento para “idealizar el pasado” (Génesis 20,7; éxodo 7.1; 20.1-2; números 11.24-25; 12.6-8; jueces 4, 4; 2 Reyes 22.14-20).
Para orientación de los directores de la escritura, las ediciones contemporáneas de la Biblia, de acuerdo al uso común de las comunidades creyentes fuera de Israel, suelen colocar a los profetas por períodos (pre-exílico, exílico y pos-exílico); por el volumen de sus textos (mayores y menores); o por grupos afines al contenido y perspectivas del escrito que se les atribuye y se habla de: profetas escritores, profetas del culto, profetas apocalípticos, falsos profetas…
Pero el mejor testimonio del profeta sobre su función deriva del martirio que le tocó vivir entre sus contemporáneos, característica que le reconocerá Jesús mismo y la tradición cristiana en varios textos del Nuevo testamento (Lucas 13.33-35; Mateo 21.1-11; hebreos 11.32-40). En cambio, los mismos escritos proféticos dejan constancia de sus sufrimientos como en el caso de Jeremías (15.10-2; 20.7-18) o en la clásica imagen del “siervo de llave” en Isaías (42.1-7; 49.1-7; 50.4-11; 52.13-53.12) que también sirvió a los evangelistas para presentar la pasión y glorificación de Jesús.


El profetismo cristiano


los escritos del Nuevo testamento se sirvieron de las características que el antiguo daba y reconocía los profetas de antaño y las fue acomodando a las nuevas situaciones de vida que vivieron las comunidades cristianas, sobre todo en el aspecto del testimonio o martirio.
Así se hizo con Juan Bautista, por ejemplo, a quien se le coloca como coordinador y Maestro de un grupo de piadosos, último profeta de Israel, mártir, cercano a Jesús y mensajero del juicio de Dios (Mateo 3, 7-12; 11.1-19; Lucas 3, 1-9). El hecho de acercarlo Jesús, como lo hizo el evangelista Lucas al presentarlo como pariente suyo (aunque éste actuó, vivió y tuvo su martirio en territorio de la actual Jordania, mientras que Jesús residía en Galilea), da la impresión de querer dejar claro el mensaje del antiguo profeta Isaías “voz que clama en el desierto…” (Isaías 40.3-6; Lucas 1; Mateo 3).
No obstante, los textos de los evangelios descubren la faceta de Jesús profeta precisamente acercándolo a Juan Bautista, haciendo que su auditorio lo reconozca como tal y haciéndolo a él mismo hablar o actuar como los profetas de antaño, sobre todo en el Evangelio de Lucas:

  • En su presentación profética en la sinagoga de Nazaret (Lucas 4, 16-30);
  • Comparándosele con los profetas Elías y Eliseo (Lucas 4, 25-27; 9, 52-55);
  • en su destino como profeta que debe morir en Jerusalén (Lucas 9, 51-57; 10.38; 13.22. 33; 14.25; 17.11);
  • En la opinión del pueblo sobre su persona (Lucas 7, 11-17.39; 13.32-33; 24.19-21);
  • Y en los acercamientos del profeta Moisés (Lucas 8, 9. 19; 9, 28) o Elías (Lucas 9, 52-62).

Pero los evangelios muestran particularmente como Jesús vivió su propia profecía anclado a la realidad que lo rodeaba, confiando en la providencia de Dios e invitando a sus seguidores a no vivir preocupados por “lo que vendrá después” sino a descubrir en el presente el plan de Dios. Esto lo mostraba aludiendo al cómo visten las flores del campo (Mateo 6, 25-34); a no ser como el granjero que murió la noche en que logró reunir cuanto tenía y se preparaba disfrutarlo finalmente (Lucas 12.16-21); o cuando criticó a Juan y a Santiago, haciéndoles ver que a él no le tocaba, ahora, apartarles un lugar para después (Marcos 10.35-40); o invitando a propios y extraños a leer los signos del presente (Lucas 12.54-56).
A su vez, San Pablo, fundador de comunidades, habló del carisma que vuelve a los cristianos capaces de vivir el don con que Jesús y su espíritu Santo les invitaban a mostrar al seguirlo a él. Esa fue, probablemente, la razón de que el apóstol colocara al profeta inmediatamente detrás de los apóstoles en sus catálogos de carismas (1 corintios 12.27-30; 14.29-32).
Y mientras en algunas comunidades cristianas el papel itinerante se dio a los apóstoles por su calidad de mensajeros de la buena nueva, los profetas aparecen más bien ligados a un lugar o a una comunidad específica. Así lo señalan hechos de los apóstoles y la comunidad del evangelista Mateo (hechos 21.8-12; Mateo 23.34-38). Con todo, las comunidades de hoy también deben cuidarse de los “falsos profetas”, descritos como manipuladores de la verdad y fuegos de artificio (Mateo 7, 15-23; Judas 11-16; apocalipsis 13.11-18).

 

Hacia la plenitud
El proyecto mesiánico del antiguo testamento


los hombres del antiguo testamento tuvieron especial manera de relatar sobre cuánto Dios hacía su favor sirviéndose de los elementos de su propia cultura. Entre otros, usaron los temas de la visita, recuperación de la salud, abundancia de dones y liberación de males como el hambre, la guerra, la tribulación y la muerte.
Al hablar de los tiempos mesiánicos o de salvación de parte de Dios a favor de su pueblo, los autores bíblicos razonaron de una manera sencilla pero profunda: ¿quién?, ¿cómo y cuándo se manifestará Dios protegiéndolos y mostrándole su bondad? Sus respuestas se van dando paulatinamente a medida que los mismos autores aprenden a comprobar la forma de actuar de su Dios y a medida también que su cultura crece.
Para facilitar la comprensión de sus temas y perspectivas, los estudiosos prefieren hablar de un “mesianismo real” o referido a las cosas (en latín: “res, rei”); de otro “espiritual” o referido a los valores como la paz, la justicia y la bondad; y de otro “mesianismo personal” en el que se destaca la figura de un alguien que trae los bienes mesiánicos prometidos.
Los siguientes apartados mostrarán esos y otros elementos complementarios.


El rey


La figura de un mediador regio aparece claramente en el antiguo oráculo del profeta Natán a David, prometiéndole de parte de Dios un descendiente que realizará lo que ningún rey terreno logra (2 Samuel 7). Esa figura regia tiene la función evidente no sólo de liberarte peligros al pueblo de Dios sino de establecer la justicia que no se ha podido vivir; así como de establecer un programa de paz y compasión a la vez que invitar a cumplir los deberes de la alianza entre Dios y la comunidad (salmo 89.35; Amós 9, 11; Oseas 3, 5). Ocasionalmente los textos amplían a otros nombres y títulos mesiánicos esa figura regia, como en el caso de “el retoño” (Isaías 11.1) “el sello” del profeta Ageo 2, 23; “el germen justo” de Jeremías 23.5 o “el brote” del profeta Zacarías.


El profeta


apoyados en la antiguo figura de Moisés (Deuteronomio 18.9-22), varios profetas y pensadores de Israel surgidos en torno al exilio a Babilonia (año 587-586 a. C.) Matizaron la figura del mesías como un profeta que cabalmente cubriría la función del auténtico “siervo de Dios”. Este siervo no sólo representará los intereses de Dios y no sufriría y moriría a favor de su pueblo. El tema aparece en cuatro textos llamados cantos del siervo de Yahvé (Isaías 42.1-7; 49.1-9; 50.4-9; y 52.13-53.12). Apoyando la misma línea profética, otros escritores le añadieron las características del antiguo profeta Elías en cuanto restaurador, como en el caso del profeta Joel (2, 28 o 3, 1) y del primer libro de los macabeos (4, 46 y 14.41).


La mujer


en contra de la idea muy difundida de que la tradición bíblica era “machista”, habría que considerar los diversos testimonios de la función salvadora que ejerce la mujer como símbolo de vida o de salvación que no puede realizar el capitán experto o el poder del rey. El tema de la mujer mesiánica parece de dos maneras: como mujer progenitora que da a luz a libertador definitivo o como la heroína que salva su pueblo en dificultades concretas. En el primer caso descuellan aquellos textos en que se resalta el parto (Génesis 3, 14-15; Isaías 7, 14; Miqueas 5, 2; Jeremías 31.22). En el caso de la mujer salvadora, resaltan las mujeres que con su valor liberan a la comunidad a la que pertenecen. Aquí los casos se multiplican desde Miryam, la hermana de Aarón que preside la danza de la liberación (éxodo 15.20-21), pasando por la juez Débora y Jael (jueces 4-5), hasta llegara a los modelos de la viuda Judit, la joven reina Ester y la moabita Rut, que figuran en los libros de los que son protagonistas (Judit, Ester y Ruth), sin contar las figuras emblemáticas como la prostituta Rahab de Jericó que protegió a los recién llegados (Josué 2) o bien la emblemática Betsabe que llegó hasta la genealogía de Jesús(2 Samuel 11; Mateo 1, 6).


El niño


El tema del niño aparece relacionado con el tema paralelo del “menor”. A diferencia del hermano mayor que detenta la primogenitura el menor, por misterioso designio divino, resulta el salvador de la dificultad. Es el caso del adolescente o joven José que llega salvar a su pueblo del hambre con su cargo de visir en Egipto (génesis 39-48); o de un David ante Goliat, el guerrero consumado (1 Samuel 17). En otro sentido, el nacimiento del hijo señala la llegada de un tiempo nuevo que suplanta al anterior, limitado, decadente o negativo. Ese es el caso del niño en los oráculos del profeta Isaías (9, 5-6; 11.1-9) o el caso de la mujer estéril que da a luz, en textos del mismo profeta (Isaías 49.14-21; 54.1-5; 66.7-9).


El sacerdote


Junto a las figuras anteriores y con el advenimiento de la casta sacerdotal que tomó el poder en Jerusalén después del exilio; surgió un mesianismo sacerdotal apoyado en las figuras eminentes del momento como el gran sacerdote Onías. En consecuencia, ya en los tiempos de Cristo la tradición esperaba un mesías sacerdote que privilegiaba los campos del culto, la observancia de la ley y la presidencia religiosa de la comunidad. Los textos que mejor lo expresan son: Levítico 8-9; Éxodo 40-48; Zacarías 3, 8-9; Malaquías 2, 4-5; y Sirácide o “Libre de Ben Sirá” o Eclesiástico 50.


El hombre celeste


Fue la literatura apocalíptica la que, uniendo la historia terrenal a la del más allá, también llamada “meta-histórica”, se fijó en una figura celeste bajara del cielo para resolver los problemas no solucionados en la tierra. Evidentemente, a tal figura la coloreo con las características trascendentes y los poderes omnipotentes que ya tenía la figura del “ángel de Yahvé” (revelar los designios de Dios, salvar a la comunidad e interceder por ella éxodo 14.19-20; 23.31-32; Tobías 3, 17). Ahora, este nuevo emisario divino se presentaba con facultades divinas, revelando los secretos de Dios e instaurando un reino en paz (Daniel 7 13-14).


Los bienes espirituales


Pero más que visualizar un “paraíso terrenal”, los autores bíblicos se fijaron en otros bienes de mayor peso como la abundancia del amor de Dios ejemplificado en su presencia protectora y amigable (Isaías 4, 5; Miqueas 4, 6-7; Zacarías 2, 9); en santidad de vida a partir del levítico 19.2 (Isaías 11.9; 32.16; 54.13); en la alegría de hallarse de lado de Dios (Jeremías 33, 11; Sofonías 3.14) y, particularmente, en La Paz mesiánica, suma y síntesis de todos los bienes (Isaías 2, 4; Miqueas 4, 3-4; Sofonías 3, 13) y personificada en el “príncipe de la paz” (Isaías 9, 5; Zacarías 9, 8-10).


Los signos de Jesús mesías


Siguiendo las líneas del antiguo testamento, los autores del nuevo testamento presentaron los bienes mesiánicos detrás de las acciones, figuras, desplazamientos y actitudes de Jesús. Así, los evangelios, haciendo acopio de propias tradiciones y combinándolas con lo relatado en el antiguo testamento, quisieron presentar a Jesús realizando las obras de Dios. Por ello, en primer lugar, Jesús es presentado como nacido en Belén, tierra de David, señalada por el profeta Miqueas como cuna de “el que había de venir” (Mateo 2, 1-12; Lucas 2, 8-20). Resulta “curioso” para muchos que Jesús ya adulto, a pesar de haber estado en Jerusalén, nunca haya aludido a su nacimiento en el pueblito cercano a Belén, haya ido para allá o bien que se cite a Belén en el texto de los evangelios, fuera de las menciones de su infancia.
Por otra parte, Jesús no haces signos como para presumir su poder o porque una situación lo exija, como se esperaba en su juicio ante Herodes durante su pasión (Lucas 23, 8-12). En cambio, los evangelistas presentan a Jesús actuando las obras de Dios, si bien cada uno con enfoque propio:

 

  • Marcos habla de las continuas acciones de Jesús, mezclándolas con su palabra;
  • Mateo las presenta para apoyar su doctrina y el cumplimento dela escritura;
  • Lucas detalla que detrás de sus acciones se descubre al profeta;
  • y Juan ofrece los “signos” que señalan que la salvación ya ha llegado.

En general, los evangelistas con las diversas acciones de Jesús (curaciones, acciones sobre la naturaleza, resúmenes de su actividad) no tanto obras de beneficencia de su parte con personas necesitadas sino más bien signos que sirvan a toda la comunidad. En pocas palabras, no se trata tanto de saber si fueron “hechos pelones y al pie de la letra como se narran” sino el mensaje que indica: “¡si así fue cuando uno…Así pueden serlo todos!”
Yendo a la historia de cómo se han interpretado esas señales puede resumirse que en los tiempos más antiguos (primeros 18 siglos de fe cristiana), las acciones portentosas de Jesús fueron vistas casi como una prueba de su divinidad. Los antiguos resonaban así: nadie, sino sólo Dios puede hacer milagros. Si Jesús los hizo, con ello muestra su origen divino.
A medida que creció la cultura y cambió la interpretación del pasado y del mundo, se trató de crear un lenguaje apropiado que captaran la realidad del milagro. Entonces se habló de “acciones sobrenaturales” ante quienes negaban la autenticidad de los relatos evangélicos.
En un tercer momento y hasta la primera mitad del siglo pasado, el problema histórico creció ante la realidad de muchos descubrimientos del oriente cercano y entonces el problema no era ya sólo cuestión de prueba o de lenguaje sino de saber “a ciencia cierta e históricamente” se habían sucedido o no esos hechos o eventos, tal como se describen, en los evangelios.
La prudencia de los últimos tiempos y el avance en los estudios en torno lenguaje y sus implicaciones en el lector contemporáneo van en nueva dirección: lo que realmente interesa al creyente de nuestro tiempo es ver qué significan tales acciones de Jesús y cómo pueden no sólo despertar y acrecentar su fe, sino servir a toda la comunidad humana de mensaje y manifestación creyente de la presencia divina en la historia humana.


La realidad de Jesús-Mesías


Los cristianos contemporáneos descubren el mesianismo de Jesús no sólo en algunas de sus acciones, sino en todo lo que significa. Él es el enviado de Dios, su hijo único que ha venido a mostrar el amor de Dios y a señalar que tanto el mundo como la historia humana, a pesar de sus encrucijadas o precisamente por ellas, valen la pena: por ello, la escritura (sea antiguo o Nuevo testamento) es profecía, interpretación y relato, eco de esa realidad.
Por lo mismo, toda persona que acepta Jesús es invitado a volverse seguidor, suyo, o sea:
•          A vivir con densidad e intensidad cada instante de la vida humana;
•          A reflejar en ella tanto el amor como la verdad y el interés de la misericordia divina que a todos busca y quiere como hijos;
•          A aclarar que lo mundano y lo humano, lo temporal y hasta lo caduco tienen una huella de lo divino y sirven como signos de cuanto Dios quiere lograr con o sin nosotros, más allá de nosotros y a pesar de nosotros.


Vislumbrando el más allá
Apocalipsis: símbolo, historia y liturgia


Todos sabemos distinguir muy bien un mensaje de lenguaje que utilizamos para comunicarlo y hacernos entender de los demás.
Así cuando nuestros jóvenes de hoy ven a un coetáneo, varón o mujer, se atreven a describir su encuentro de varias maneras: al verlo o verla… “Se fueron de espalda” (¡pero no se cayeron!); “Se quedaron de a seis o con el ojo cuadrado” (¡y sus ojos siguen igual!); “Se quedaron paralizados” (¡y siguieron su vida como siempre!). En otras palabras, sólo hubo admiración y algo de emoción, pero nada más.
Al adentrarnos en el tema, nos damos cuenta que usamos tales “lenguajes especiales” según la ocasión, la edad, el ambiente en que nos movemos; y también que lo que reproducimos en el lenguaje oral no lo escribimos tal cual en el texto escrito. A estas formas de comunicación podemos llamarlas de varias maneras (expresión popular o lenguaje vulgar, caló, idiotismo y literalmente, “género literario”).
También los antiguos tenían sus formas de hablar, típicas de su tiempo y cultura o del estrato histórico en que se movían. En consecuencia, cuando leemos textos, aún bíblicos, como el libro del apocalipsis, “el ojo se nos queda cuadrado” ante tanto recurso simbólico o lenguaje y expresión de elementos casi inconcebibles en la, realidad que utilizó su autor.
Las secciones siguientes nos llevan de la mano para entender tal lenguaje.


Origen de la literatura apocalíptica


Para comprender el mundo y el lenguaje de los apocalípticos deben aclararse varios elementos de ese lenguaje típico:

  • Apocalipsis significa “revelación y manifestación”. Por ello, más que considerarlo una especie de “secreto” o “misterios”, debe verse como lenguaje especial con que algunos creyentes trataron de reflejar determinadas situaciones y las escribieron en “clave”.
  • Apocalíptico es el calificativo que asumieron algunos creyentes judíos o también cristianos de origen judío, quienes interpretaba la realidad recurriendo a un mundo simbólico propio para hacer frente a los “otros mundos” que los amenazaban desde fuera o intentaban dominarlos a través de la cultura, sea mediante las armas.
  • Apocaliptisismo por su parte, es un concepto abstracto, utilizado en ambientes académicos, para definir algunos movimientos antiguos que interpretaba la realidad simbólicamente y en oposición a aquellas culturas y poderes circundantes y dominantes, que tuvieron lugar entre los siglos III a. C. hasta el siglo III de la era común presente.

Las principales causas que originaron tal lenguaje y concepciones pueden, describirse como:

 

  • Cambios drásticos de las situaciones socioeconómicas, políticas, históricas y culturales en los pueblos antiguos. Baste mencionar que el pueblo de Israel fue dominado (según los astros se proponen los escritos del antiguo testamento) por los cananeos, egipcios, asirios, babilonios, persas, griegos y romanos desde los tiempos de Abraham hasta los de Jesús. A estos dominios por parte de imperios internacionales habría que añadir el pago cultural que Israel tributó a los pueblos vecinos con quienes habitó en la tierra de Canaán, por ejemplo: los siete pueblos que los hostigaron en Canaán y que se volvieron como un signo de oposición o a los que desplazaron al asentarse (cfr. éxodo 3, 8. 17).
  • Influjo de las antiguas doctrinas dualistas que perduraron en Palestina durante largo periodo de dominación cultural y política por parte de los persas (años 540-333 a. C.).
  • Situaciones históricas tanto de crisis religiosa como de valores éticos en Israel, como deja entrever el primer libro de los macabeos (2, 29.42). Los mismos contemporáneos del autor atribuían esos males al incumplimiento de algunas profecías o al choque, más bien cultural que religioso, entre judaísmo y helenismo en los dos siglos anteriores a Cristo.
  • Desarrollo normal de la cultura simbólica dentro del pueblo de Israel, como ocurre, por ejemplo, sea en el arte pictórico en las pinturas de Rubens y Dalí como en el musical en las obras musicales de un Mozart o un Silvestre revueltas.

A su vez, las comunidades apocalípticas se manifestaron como “refugio y alternativa” paralelos a los demás grupos proféticos, piadosos, sapienciales y sacerdotales después de 538 a. C., fecha aproximada del, primer retorno de los judíos exiliados a Babilonia.
Aunque se desconocen en sus pormenores, hoy se habla de que el desarrollo de las comunidades apocalípticas ocurrió en diferentes direcciones:

      Unos crearon un propio mundo o realidad (anti-mundo) frente a “sus opositores” (como en el caso de los macabeos del siglo II a. C., y los zelotas, contemporáneos suyos);
    • otros vivieron su propia realidad (sub-mundo) bajo el de sus mismos enemigos, como en el caso de los hasidim o grupo de piadosos y el de los fariseos, bien conocidos por los evangelios del Nuevo testamento; algunos más se forjaron una especie de (para-mundo) distinto y distante. Un caso típico fue el de los esenios que habitaron en Qumrán y de los que se han descubierto muchos textos alusivos a su vida, creencias y comentarios a textos bíblicos anteriores. Pero todos los grupos con este enfoque disponían de un lenguaje propio y simbólico para esconderse y sobreponerse a las manipulaciones sociales y políticas, culturales y religiosas ajenas a ellos. En el caso de los conocidos como “esenios”-de haber podido-se hubieran alejado del territorio judío para manifestar su inconformidad con la religión del templo o con ritos y rituales que ya no les decían. Hoy se sigue estudiando su caso y discutiendo si fue un grupo autónomo o representativo de una piedad más exigente al interno del judaísmo.

     

    Perspectivas y cultura de los apocalípticos


    las crisis de fe, ocurridas en el judaísmo a. C., el incumplimiento real o aparente de textos proféticos (retardo de tiempos mesiánicos), el dominio económico, cultural y político de potencias extranjeras, y la herencia tomada de la cultura o de la religión babilónica, de esta, griega o romana… Llevaron a estos grupos judíos religiosos a servirse de elementos que los volvían inaccesibles a otros creyentes y los distinguían de sus mismos conquistadores:
    1) “más allá”. Mientras los profetas hablaron del fin de la historia, los apocalípticos fueron “más allá”; y colocaron el “día del señor” como un acontecimiento ultra terreno, más allá de la vida y de la misma historia.
    2) “dualismo”. Dividieron la historia en mala (su presente) y buena (el futuro); y fijaron el “fin de este mundo” como un paso del kósmos o mundo bueno al caos o mundo malo a la inversa de como el libro del Génesis propone en su relato inicial: “del caos al kósmos”.
    3) “surrealismo”. Crearon una literatura propia un tanto exótica. Algunos textos de este tipo de literatura entraron al canon de la escritura (Isaías 24-27; 34-35; 56-66; Malaquías, Zacarías 9-14; Daniel 7-12). En cambio, tiempo después, muchos otros fueron marginados y llamados “apócrifos” como se ven los libros de Enoc, Jubileos, IV Esdras y oráculos sibilinos…
    4) “esoterismo”. El término describe a una realidad como oculta, secreta y misteriosa. Entre los rasgos principales de tal literatura cuentan: el libro del oráculo; el rapto o éxtasis; la visión guiada por un ángel; la inminencia del futuro que está a la puerta; la seudónima o uso de nombres de personajes del pasado o desconocidos; ocultismo (comprensible sólo a los miembros del grupo: apocalipsis 1, 12-16; 4, 3-8; 9, 11-15; 12.3-4; 13-16) y uso de genatría (palabras representadas con cifras), anagrama o uso de cada letra de una palabra como la inicial de otra (“Pezcristiano”, en griego IJTHYS, cuyas letras iniciales son una confesión de fe: “Jesús Cristo, el hijo de Dios, es el Salvador”).
    5) “simbolismo”. Fue un área muy fecunda, utilizada por los judíos y los primeros cristianos, que acude a numerosos elementos aún visibles en el libro del apocalipsis:


    > Elementos: aire (dinamismo, espíritu), agua (salvación y destrucción), tierra (esfera de lo maligno y pasajero), fuego (elemento de purificación); norte (lugar de origen de los enemigos), oriente (salvación, nacimiento y origen de la luz), occidente (lugar y destino de lo caduco, transitorio y mortal); cielo (lo divino), inframundo (lo satánico): apocalipsis 7, 1-2; 8, 1; 9, 1-3; 20.2.

    > Cromatismo o uso de colores: rojo como sinónimo de sangre, destrucción y castigo; o el blanco para señalar la luz y verdad o el mundo divino; el negro para eludir al Sheól o el mundo de lo mortal, negativo, el caos y la muerte); el escarlata para señalar el desenfreno (Ezequiel 1, 26-28; apocalipsis 4, 3; 6, 2. 4. 5. 8. 11; 17.4).
    > Astros: sol, estrellas (verdad, revelación), Luna (noche): Isaías 24.19-23; apocalipsis 9, 1.
    > Teriomorfismos o representación de conceptos mediante animales. Los Rahab, Tamín y Leviatán del antiguo testamento (Amós 9, 3; Job 40.15-24; Isaías 27.1; salmos 74.13-14) se reflejan “camuflados” embestidas (Daniel 17-8: León, oso, leopardo, monstruo) que se llegan hasta el apocalipsis: 9, 7-11; 12.3-4. 15-18; 13 y 17; 19.17-21.
    > Numerología. Los apocalípticos usaron al número no como cantidad sino como cualidad o idea: tres veces santo da idea de lo superlativo; tres veces 6 o bien 666 (son: 7-1) y es el equivalente a imperfección suprema (apocalipsis 13.18); 24 anciano equivale a las 24 letras del alfabeto, señala el alfabeto divino y humano que honra a Dios (apocalipsis 4, 10; 5, 14; 7, 11… O bien equivalente en la primera y última letras Alfa y Omega); siete años divididos en mitad (tres y medio años 42 meses o bien 1260 días) señalan “poco tiempo”, como el castigo del rey Antíoco Epifanio (Daniel 7, 25; 12.7; apocalipsis 11.2-3; 12.6. 14; 13.5); y las agrupaciones mayores de 144,000 elegidos o de 1000 años (apocalipsis 1,4.11; 11,3; 12, 6.14; 20, 2) para indicar la plenitud y la totalidad suprema y definitiva.
    > Cratofanías o “manifestaciones de poder” (en griego). Se le llama así a los cataclismos y desastres como la guerra (el Hérem del antiguo testamento), evocados en el terremoto, peste, miedo, hambre, muerte: apocalipsis 8, 12-13; 9, 5. 15.18; 12; 17.14; 19.11-21. Si bien son terribles es sus efectos, ellos son signos de la nueva era que está por comenzar o ya ha comenzado, según los autores que se sirven de ellos. Para aclararlo basta tomar al Evangelio de Mateo: al hablar de la tempestad que Jesús calma, de su muerte o del momento de su resurrección (Mateo 8, 24; 20.51-52; 28.2) el autor se sirve del terremoto por aludida signos parecidos del antiguo testamento (Zacarías 14.4; Miqueas 1, 4).
    > Angelología y demonología exuberantes. La presentación de ángeles y demonios es doble: los primeros son los mensajeros y protectores designados a favor de los hombres (Daniel 10.13-20; 11.1; apocalipsis 1, 4; 2-tres; 4, 5; 12, 7-9); los otros son opositores reales o enemigos, como dejan entrever los nombres y calificativos con que se les llama (diablo, Satán, seductor, dragón, serpiente antigua) que aluden a las realidades descritas en los escritos bíblicos (apocalipsis 12.9; 15.6; 19.14; 20.2-3).

     

    El lenguaje apocalíptico cristiano


    Los escritores del Nuevo testamento no escaparon al fenómeno de tal lenguaje apocalíptico de la cultura judía y lo acomodaron a diversas situaciones. Los ejemplos siguientes de origen judeocristiano, señalan por sí mismos, como semejante lenguaje era común en tiempo de las primeras comunidades cristianas:

    • El apóstol Pablo lo utiliza al alcanzar a los Tesalonicenses algo de las últimas realidades: 1Tesalonicenses 4, 13-17 (cfr. 2Tes 1, 7-10; 2, 1 viéndose).
    • El autor de la carta de Judas se sirve de él como arenga contra las divisiones dentro de la comunidad: Judas 5-16.
    • El evangelista Marcos seguido por Mateo y Lucas pone en boca de Jesús temas con tono y sabor apocalíptico en forma mezclada. Por ello, combina varios dichos apocalípticos de origen judío con el “Apple cristiano” (Marcos 13.5-6. 9. 11.13.21-23); dichos con cierto tono apocalíptico en labios de Jesús (Marcos 13-7-8; 12.14-20.24-27); y palabras del autor sobre experiencias históricas y concretas de algunos grupos cristianos, quizá el mismo al que él pertenecía (Marcos 13, 10.28-32).
    • Parecidos ejemplos pueden verse en Mateo 24-25 y en Lucas 21.5-33; 17.23-24.37

    Evidentemente, el último escrito del Nuevo testamento, apocalipsis, sumó muchos de los elementos anteriores. Su desconocido autor presenta la realidad de su comunidad como una lucha entre dos comunidades: la de los santos de Dios y la del poder ajeno, imperial, injusto y dominador de los pueblos que antepone el culto al emperador al de Cristo, pero cuyo final está ya a la puerta y en cuya esperanza anima a los cristianos a no contaminarse, mantenerse en la fidelidad al cordero degollado y ver su propia vida como una liturgia ante Dios.


    En pocas palabras, apocalipsis no es un escrito de miedo sino de consolación en el que se presenta el triunfo de la fe, en clave futurista, como elección de una comunidad muy grande, como una victoria de una mujer que huye al desierto pero cuyo líder es llevado hasta Dios (apocalipsis 12) o como una comunidad triunfante integrada a la Jerusalén final que baja del cielo (apocalipsis 21) luego de la destrucción de la comunidad opositora (apocalipsis 17-18), terminadas las peripecias terrena que la agobiar (apocalipsis 7-11; 13; 15.5-16.21).
    Al conjunto de visiones, cánticos, acentos litúrgicos y alusiones históricas con ese lenguaje típico del judaísmo (anterior, contemporáneo o posterior), lo precede una gran introducción en tono pastoral en que el autor presenta a Cristo dirigiéndose a las comunidades de Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatica, Sardes, Filadelfia y Laodicea (todas en la antigua Asia Menor, actual Turquía); alabando un aspecto de su vida o animándolas a rectificar los equivocados. El simbolismo parece aludir, evidentemente y en tono universalista, a todas las comunidades o iglesias cristianas que viven idénticas o parecidas situaciones.
    La teología del escrito presenta Dios como el dueño del universo y quien domina también la historia humana sobre todo con su título de “el sentado en el trono” (apocalipsis 4, 2-3; 6, 10; 11. 4. 15; 15.3) o como el dueño de un plan conocido sólo por el (4, 11; 7. 2; 13.5. 7. 14; 16.8). Por su parte, Cristo recibe nombres sonoros como León de Judá, retoño de David, Estrella de la mañana, Rey de Reyes, el fiel, el verdadero, palabra de Dios (apocalipsis 3, 7; 5, 5; 17.14; 19. 1. 13; 22.16) y su actividad redentora con el título de cordero degollado (apocalipsis 5, 6) o el Alfa y Omega y “el que vive eternamente con Dios” (apocalipsis 1, 17; 2, 8; 13.8; 22.13).
    El dinamismo de Dios como espíritu resulta el dador de gracia y paz o bien bajo el símbolo de siete espíritus que están en la presencia de Dios, alusivos a una totalidad de acuerdo a la numerología bíblica tradicional (apocalipsis 1, 4; 2, 7. 11.17.29; 3, 1. 6. 13.22; 4, 5; 22.17).

     

     

    Esquema Bíblico

    Antiguo Testamento

    Torá                  o                  Pentateuco

    Obras y fecha de composición
    ___________________

    Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

    Fueron escritos posiblemente entre los siglos VI y V a. C., a partir de algunas tradiciones anteriores e incluyendo los intereses que sus autores tuvieron en el siglo del exilio y en el siguiente.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    ___________________
    ___________________
    Obras y fecha de composición
    ___________________
    Josué y Jueces
    1-2 Samuel
    1-2 Reyes

    Este primer bloque de seis libros se formó entre los siglos IV y V a. C. incluye antiguas tradiciones.

    Esdras y Nehemías

    Escritos en el siglo IV a. C.

    1-2 Crónicas

    Fueron escritos probablemente en el siglo IV a. C., por sacerdotes o levitas quienes destacaron el papel del templo.

    1-2 macabeos

    Surgieron a final del siglo II y I a. C., como relatos de propaganda sobre hechos recientes.

     

    Temas     sobresalientes
    ________________

    Génesis: da una introducción a todo el antiguo o primer testamento (Génesis 1-11) y cubre el tiempo arcaico “de los padres” desde la vocación de Abraham hasta la migración de la familia de Jacob a Egipto.

    Éxodo: expone la vocación del nuevo líder de Israel (Moisés), la salida de Egipto y un conjunto de normas para la vida futura del pueblo en la tierra prometida.

    Levítico: propone la santidad como requisito fundamental para la pertenencia al pueblo de Dios.

    Números: destaca principalmente situaciones vividas por el pueblo en su travesía hacia Canaán.

    Deuteronomio: en discursos, Moisés reinterpreta la historia pasada y presente de Israel.
    ___________________
    ___________________

    Historia narrada
    ___________________
    José y Jueces
    Historia de cómo el pueblo ocupó la tierra de Canaán.

    1-2 Samuel
    Inicio y confrontación de los reinados de Saúl y de David.

    1-2 Reyes
    Historia de los Reyes de Judá e Israel, reinos hermanos.
    Son los agentes y cronistas que dieron a la comunidad judía siguiendo a la Torá.
    Ambos libros narran las mismas historias que los libros de Samuel y de los Reyes, pero destacando todo lo relacionado con el templo.
    En esta historia sobresalen las figuras de David y Salomón.

    Función
    del Pentateuco
    ___________________

    Para consolar a los refugiados (en Babilonia o Egipto) y a los que vivieron el desastre y destrucción de Jerusalén o que quedaron abandonados en las tierras de Palestina, los cinco libros del Pentateuco señalan que la monarquía recientemente destruida no estuvo a la altura de la voluntad de Dios.

    En consecuencia, otra nueva comunidad, apoyada en el templo y en el cumplimiento de la ley, deberá surgir para formar el nuevo pueblo o “familia de los creyentes en Dios”.

    Como modelos de fe están las figuras de los antepasados remotos del pueblo o la voz autorizada de Moisés quien llegó a hablar con Dios “cara a cara”.

     

     

     

    ___________________
    ___________________
    Características de las obras
    ___________________
    Todos los escritos trazan la historia de la comunidad de Israel, destacando las figuras de los profetas enviados de Dios.

    En otras palabras, el profeta es como el despertador de la fe del pueblo y su guía competente más que las decisiones parciales y frecuentemente interesadas de las demás autoridades civiles, culturales y judiciales.

    Son las autoridades al retorno de Babilonia: el político local (no el rey) y el sacerdote.

    Los dos libros releen las tradiciones locales vistas como “historia de toda la comunidad” aunque algunos no hayan vivido los hechos narrados.

     

     

     

    Profetas

                    Mayores son 4                                 Menores son 12

    Datos personales

    Isaías

    Vivió en el siglo VIII a. C. su obra (Isaías I: 1-39) tuvo añadidura sendos siglos V a. C. (Isaías II: 40-55); IV a. C. (Isaías III: 56-66) y III a. C. (apocalipsis: 24-27; 34-35). Su obra es de lo mejor del antiguo testamento y fue muy utilizada en el nuevo.
    ____________

    Jeremías

    Vivió en los siglos VII y VI a. C., cerca de Jerusalén. Padeció la incomprensión de sus contemporáneos.

    Su escrito tuvo añadidura si otros escritos asumieron su nombre.

     

     

     

     

    Ezequiel

    Sacerdote que vivió en Jerusalén en el siglo VI, deportado a Babilonia.

    Su libro se editó hacia el siglo V a. C.

     

     

     

    Daniel

    Personaje casi mítico al que se atribuyó un escrito con su nombre en el siglo II a. C.

    Tuvo añadidura (irnos y los relatos de Bel y de Susana).

     

    Historia y temas

    Isaías

    Parece ser un profeta de corte, que definen la santidad y bondad divinas. La salvación aparece como presencia de Dios a través de un siervo-símbolo niño otro adulto guía del pueblo (40-55) y como profeta (60-62).

     

     

    ______________

    Jeremías

    La dura experiencia de Jeremías resultó signo de fortaleza y mensaje de fe. Yo los hechos históricos a su tiempo como moraleja tanto para los judíos como para los extranjeros

    Acentúa los temas nueva alianza entre Dios y su pueblo y el testimonio del profeta mártir.
    ______________

    Ezequiel

    Usa símbolos para disuadir a su pueblo del mal y orientarlo hacia Dios.

    Destacó la presencia de Dios en el templo y entre los creyentes y la vida mesiánica de un nuevo pueblo de Dios.

     

    Daniel

    El escrito presenta a tres jóvenes en el exilio, destacando al Flavio Daniel quien con su recto juicio y sueños testimonia la fe de su pueblo.

     

    Datos personales

    Amós

    Campesino de Judea emigrado el norte en el siglo VIII a. C. habló en Samaria (ahora Palestina).

     

    Oseas

    Persona formada al norte del actual Palestina que vivió en el siglo VIII.

    _____________

    Miqueas

    Originario de Judea sur (Hebrón), vivió entre los siglos VIII y VII a. C.

    Su obra se divide en dos partes.

     

     

    Sofonías

    Judío que vivió en los siglos VI y VI a. C., en Judá.

     

    Nahúm

    Profeta desconocido de los siglos VII y VI a. C.

     

     

    Habacuc

    Quizá un sacerdote cercano al templo.

    Su libro habla de los hechos de los signos VII-VI a. C.

     

    Ageo

    Judío del siglo VI a. C. que vivió en Jerusalén.

    Su escrito reporta cuadros de su tiempo.

     

    Zacarías

    Libro anónimo en dos partes: 1-8 (de los siglos VI-V a. C.) y 9-14 (final del siglo IV).

     

     

     

    Malaquías

    Escrito anónimo.

    Se llamó el mensajero por la frase de 3, 1.

     

    Abdías

    Profeta de Judea.

    Su libro fue escrito en el siglo VI a. C.

     

    Joel

    Judío de Jerusalén.

    Su libro surgió en el siglo IV a. C.

     

    Jonás

    Más que personaje histórico es tipo de quien desobedece a Dios y no acepta que se ocupe de todos los demás pueblos.

    Libro didáctico escrito quizá a principio del siglo IV a. C.

     

     

    Historia y temas

    Amós

    Se le considera el primer profeta escritor. Su tema central fue la justicia de Dios y la de los creyentes entre sí.

     

    Oseas

    Su tema central es la moral adiós asumido en situaciones de la vida y en convivencia con los demás.

    ______________

    Miqueas

    Con amenazas y promesas habla de la compasión con los desheredados y de la fidelidad a Dios. Destaca a Belén como la patria del mesías conectándolo con el antiguo rey David.

     

    Sofonías

    Habló del templo y sobre los fieles como “pobres de Yahvé”.

     

    Nahúm

    Consuela el pueblo enciendo la destrucción de los enemigos y pidiendo confianza en Dios.

     

    Habacuc

    Pide no coleccionar gatillos ni a su providencia, pero solicita la fe como salida a los problemas la vida.

     

     

    Ageo

    Su atención se dirigió en el valor y sentido del templo. Por ello, insistió en su reconstrucción.

     

     

    Zacarías

    Zacarías I habla del cuidado divino por su pueblo mediante la autoridad civil y religiosa.

    Zacarías II habla de la llegada del rey y pastor Mesías del pueblo.

     

    Malaquías

    Criticar la vida de los ministros de culto y anima a ver llegar el día de Yahvé como un juicio.

     

    Abdías

    Critica a Edom como enemigo de Jerusalén incita el juicio de Dios como castigo y salvación.

     

    Joel

    Hablas del día de Yahvé como ocasión de juicio para Israel y para todos los pueblos.

     

    Jonás

    En cuadros sucesivos el escrito sugiere la obediencia Dios a pesar de lo incómodo de la propia misión.

    La salvación se ofrece a todos los pueblos, sin importar sus acciones siempre que se abran a la voluntad de Divina.

     

     

     

    Poéticos

     

    Libros

    Salmos:
    150 poesías en cinco colecciones:
    141; 42-72; 73-89; 90-106; y 107-150.

     

     

     

     

     

    Cantar de los cantares:

    Diálogo teatral entre enamorados.

     

     

    Lamentaciones:

    Cinco poesías dolientes sobre Jerusalén y el pueblo.

     

    Autor y estilo

     
    Se atribuyen a David, aunque varios son de Salomón, Asaf, Coré y autores anónimos.

    Sus géneros van del himno a la súplica, el agradecimiento y el recuerdo histórico.

     

     

    Escrito anónimo si bien atribuido el rey Salomón en que se canta la belleza del amor humano total.

     

    Se atribuyeron a Jeremías, pero más bien son anónimas.

    Fecha de composición

    su composición va del siglo:

    VIII al III a. C.

     

     

     

     

     

     

    Quizás le compuso en el siglo V con retoques posteriores.

     

     

    Obra posiblemente creada entre los siglos VI y V a. C.

    Doctrina y mensaje

    Todos solicitan la bondad de Dios o bien cantan su santidad, misericordia y justicia. Algunos hablaban también cuanto se relaciona con Dios: rey y Jerusalén o Sion. Otros consideran la belleza de las obras de Dios en la historia del pueblo.


    El amor humano refleja al de Dios.

     

    El tema se aplica a: Dios y pueblo, Dios y creyente, Dios y alma; o hasta Cristo e iglesia.

     

     

    Cantar el pasado tiene sentido sólo si es ocasión de conversión para enderezar el presente.

     

    Libros sapienciales

    Libros por grupos

     

    Historias:

    Job:
    Drama centrado en la realidad del ser humano y su postura ante Dios.

     

     

     

    Rut

     

    Ester o Esther

     

    Judit

     

    Tobías

     

    Tratados:

    Proverbios

    Qohélet
    = Eclesiastés

    Sirácide
    = Eclesiástico

    Libro de sabiduría.

     

     

     

    Autor y lengua

     

    Obra anónima en forma de reflexión dialogada de amigos incluyendo a Dios y al mismo Job.

     

     

     

    Relatos anónimos de mujeres y varones como modelos de fe y compromiso con la comunidad.

     

     

     

    Los primeros tres son anónimos. El último fue obra de un cierto Jesús quien acomodó la obra de su abuelo y añadió elementos nuevos.

    Fecha de composición

     

    Obra compuesta entre el siglo V y el III a. C.

     

     

     

     

     

    Rut:
    Fecha incierta.

     

    Ester:
    Siglo IV

     

    Judit: Siglo III

     

    Tobías: Siglo III-II.

     

    Proverbios:
    VII-III a. C.

    Qohélet:
    IV a. C.

    Sirácide:
    II a. C.

    Sabiduría:
    I a. C.

     

     

     

    Doctrina y mensaje

     

    La búsqueda de Dios no ocurre con facilidad. Ocasionalmente debe descubrírsele en el mal y hasta en la desgracia. Pero Dios siempre se dejará encontrar.

     

    La fe debe vivir en cualquier situación de vida es piadoso, mujer o varón arrastra con sus opciones y compromisos, la viuda emigrante o nacional que joven reina o viajero joven.

     

    Reflexiones y máxima sobre la “sabiduría”, ésta es vista como “un alguien” que lleva al buen vivir y obrar como eco de fe en las situaciones de la vida y se personifica como reflejo de la Torá y de la voluntad de Dios.

     

    Nuevo testamento

    (En grupos tradicionales con enfoque moderno)

    Evangelios

     

    Evangelistas

     

    Mateo:
    cristiano de origen judío del área de Palestina.

    Se le asoció desde el siglo II al apóstol Mateo que siguió Jesús.

    Marcos:
    Probable discípulo de Pablo y Pedro, identificado con “Juan o Marcos” de los hechos.

     

     

    Lucas: escritor que viajó y se informó sobre las tradiciones cristianas y su desarrollo.

     

     

     

    Juan: autor anónimo que se remonta a las tradiciones antiguas de Jesús y de un grupo particular.

    Con el tiempo, se volvió casi un asceta y un místico.

     

     

    Autor, lugar y fecha

    El actual evangelio en griego se escribió hacia el año 80 en el área de Siria.

    Usa un lenguaje y estilo judíos.

     

    Escrito hacia el año 70 quizá recoge la predicación de Pedro y proviene del área de Roma.

     

     

    Dejó una obra que se dividió en evangelio y hechos.


    Surgió en el área de Siria hacia el año 80-85.

     

     

    Se confundió con un cierto Juan y con el discípulo amado citado en su obra.

     

     

     

    Destinatarios

     

    Se escribió para los cristianos de origen judío con el fin de demostrarles que Jesús es el mesías.

     

    Se dirige a paganos sencillos que se han vuelto cristianos.

     

     

     

     

    Escribe a cristianos de cultura helenista para mostrarles la misericordia de Dios.

     

     

     

    La obra se dirigió a una comunidad con un perfil propio, casi marginal respecto a otras comunidades.

    Buscan reflejar la verdad con un halo de misterio.

     

    Temas doctrinales

    Jesús es el mesías pendiente de la línea del rey David. En él se cumplen las criaturas y se presenta como “nuevo Moisés” anunciando el reino de Dios con obras y palabras.

    Jesús, auténtico ser humano, siguiendo los pasos de Juan Bautista, presentó la salvación intervención de Dios en la vida humana.

     

    Jesús es el mesías que, como profeta, interpreta la bondad de Dios con obras y palabras sus seguidores deben reflejar en sus comunidades el mensaje.

     

    Hay diversas formas de seguir a Jesús, el hijo de Dios, quienes reflejo, vos, palabra, verdad y mensajero único de Dios. Los cristianos conocen a su maestro al descubrir en su vida personal la gloria de Jesús.

     

     

     

    Libro histórico

    Obra

     

    Hechos de los apóstoles:
    Siguen, al Evangelio a manera de segunda parte.

     

     

     

    Autor, lugar y fecha

    Su autor fue Lucas, pues utiliza los mismos esquemas y estilo del Evangelio que se le atribuye.

    Historia que narra

    Esboza los orígenes de las comunidades cristianas en tierras de Palestina. Países cercanos, hasta llegar a Roma.

    Temas doctrinales

    La vida en las comunidades cristianas pone en práctica las señas Jesús y acomode el Evangelio a las situaciones concretas de otras culturas con testimonio y buenas obras

     

    Cartas

    Cartas
    (por grupos)

     

    Paulinas:

    -1Tesalonenses
    -Gálatas
    -1-2 Corintios
    -Filipenses
    -Romanos
    -Filemón

     

     

     

    Deoteropaulinas:

    -2Tesalonicenses
    -Colonenses
    -Efesios
    -1-2 Timoteo
    -Tito

     

     

     

     

    Católicas:

    -Santiago (70-90)
    -1 Pedro (70-90)
    -Judas (70-90)
    -1-3 Juan (80-100)
    -2 Pedro

     

     

     

     

     

    Tratados:

    Carta a los Romanos

     

     

     

     

    Carta a los hebreos

    Autor, lugar y fecha

     

    Textos del apóstol Pablo para responder a varias situaciones.
    Se escribieron entre los años 50 y 63 del siglo I en sitios de la actual Turquía.

     

     

     

    Tradicionalmente se les considera como escritos de Pablo si bien sus contenidos son posteriores. Van del año 70 al 100.

     

     

    Entre los años 70 y 140 a. C., muerto los apóstoles otros escritos trataron de reflejar su enseñanza.

     

     

     

     

    Esta obra de Pablo de los años 57-58 refleja su intuición sobre Cristo y la fe cristiana.

     

     

     

    En los años 75-95 un desconocido escribe en buen griego como los cristianos deben vivir en sacerdocio de Cristo. El tratado surgió en ambiente grecorromano, pero en clave judía.

     

     

     

    Ocasión, finalidad y destinatarios

    Las comunidades fundadas por Pablo resienten el influjo judío y griego. Pablo las exhorta a vivir “al estilo Cristo”.

     

     

     

     

    Partiendo de Pablo, varias comunidades adaptaron su primera enseñanza a nuevas situaciones y a otras estructuras eclesiales.

     

    El deseo de ligarse a la primera tradición apostólica, llevó a los cristianos a adoptar sus enseñanzas.

     

     

     

    _____________

    Pablo desea viajar a los confines del mundo y pide a los cristianos de Roma apoyo a su empresa.

     

     

     

     

    Quizá a sacerdotes judíos convertidos o a piadosos cristianos admiradores del culto judío o pagano, el autor de la carta les presenta la belleza y alcance, profundidad y novedad de Cristo, único sacerdote.

    Temas doctrinales

     

    La fe debe vivirse en un mundo con varias culturas. Cada una debe reflexionar a Cristo quien guía y asiste de los paganos conviene tomar sus valores y de los judíos la enseñanza de la Torá, pero en clave cristiana.

     

    Las nuevas circunstancias de vida hacen que cada comunidad cree que se inspire en la predicación original y difunda y el testimonio de esa verdad recibida.

     

    La providencia divina inspira a que cada generación cristiana adopte y adapte el Evangelio de Jesús a su tiempo y entorno. No cambie el mensaje, sino su eco, presentación y viceversa.

     

    La fe cristiana vuelve libre al cristianismo y le otorga la gracia para vivir el mensaje de Cristo con ardor y en esperanza de dar testimonio, ante todo.

     

    El sacerdocio de Cristo no se conforma ritos ni rituales, sino que la vida y persona de Jesús es un lugar de realización. El cristiano haya en la escritura la clave de lectura. No debe apantallarse ante otros rituales, sin actualizarlo se Jesús: Solidaridad y misericordia con los débiles y obediencia a Dios

     

    Apocalipsis

     

    Género literario
    ___________­­

     

    Con elementos de liturgia; símbolo de la escritura anterior y mensaje de Cristo, el escritor responde a la situación crítica que se vive.

    Autor, lugar y fecha

     

    Escrito anónimo que cita a un cierto Juan como autor. Surgió en territorio del actual Turquía hacia el final del siglo I

    Ocasión y finalidad
    ____________

    El emperador pide culto divino para sí y los cristianos ven su fe en riesgo. El autor del texto los anima y dibuja el triunfo final de Cristo.

     

    Temas doctrinales

     

    Dios desde su trono dirigió la historia. Cristo es su lenguaje y testigo oficial. Hay que seguirlo pues la vida humana como una liturgia en el mundo, refleja y da testimonio ante los demás de tal verdad y esperanza.

     

    *Las fechas de los escritos bíblicos son aproximadas.

     

    Escritos bíblicos en el tiempo

    (Aproximación histórica)

    Hipótesis tradicional o clásica (a partir de los textos bíblicos).

    Hipótesis derivada de los estudios arqueológicos modernos.

    Pueblo de Dios y contexto histórico

    Textos bíblicos (contenido edición)

    1 hipótesis tradicional (siglos y años a.C.-d.C.)

    2 hipótesis moderna (siglos y años a.C.-d.C.)

    Antiguo testamento (a. C.)

    Los orígenes

    Génesis 1-11

    Datos (arcaizantes)

    Prólogo siglo
    V

    De Abraham a Jacob

    Génesis 12-50

    Siglos
    XIX-XIV

    Siglos VIII-VII

    Éxodo

    Éxodo, números, Deuteronomio

    Siglo XIII

    Siglo VI

    Posesión de Canaán

    Josué-Jueces

    Siglos
    XII-XI

    Integración
    Siglo VII

    Reino de Judá

    1 Samuel
    2 Reyes

    Siglos
    X-VI

    Siglos IX-VI

    Reino de Israel

    1 Samuel
    2 reyes

    Siglos
    X-VIII

    Siglos
    IX-VIII- (721)

    Dominación asiria

    primeros profetas
    Oseas, Amós, Isaías 1,39 y Miqueas

    Siglos
    VII-VI

    Siglo
    VIII

    Dominación Babilonia deportación y exilio

    Algunos salmos Isaías 40-55

    Hacia 598,586 y 582

    Siglos
    VII-VI

    Dominación persa segundo templo (hacia 520-515)

    Abdías, Ageo, Malaquías, Zacarías, Levítico, Pentateuco,
    1-2 Crónicas;
    Isaías 56-66;
    Esdras Nehemías

    Siglo VI-V

    Entre 540 y 333

     

    Dominación helenista

    Edición de profetas; Salmos, Sapienciales

    Entre 333 y 162

    Entre 333 y 162

    Independencia temporal judía (160-76)

    1-2 Macabeos
    libro de Daniel

    Entre años 160 y 110

    Entre los años
    190 y 90

    Dominación romana

    El libro de la sabiduría

    Hacia el año 60-50

    Hacia el año 60-50

     

    Nuevo testamento

    (Nueva era, era común o d. C.)

    Dominación romana

    Jesús

    0-33

    6/4 a. C.
    28/30 d. C.

     

    Escritos paulinos

     

    (sólo 7 cartas)
    51-63

     

    Marcos, Mateo y Lucas (más hechos)

    Años 70, 80, 85
    respectivamente

    Años 70, 80-85 y 85-95
    Respectivamente

     

    Deoteropaulinas y católicas

    Sólo cartas católicas
    70-80

    70-100

     

    Evangelio de Juan

    90-95

    90-100

     

    2Pedro

     

    130-140


    “JCP FM”


    La oración es el ingrediente esencial de los procesos ocasionales. Lo sabemos muy bien. Porque es el señor quien llama. Es en ese encender el corazón delante de Dios donde se toman las verdaderas determinaciones espirituales y vocacionales. Pero con frecuencia nos encontramos con el hecho de que en los ámbitos vocacionales y formativos falta una verdadera enseñanza de la oración y de sus métodos, del modo concreto como se propicia el encuentro con Dios. Esta publicación acude a tal situación, con el deseo de ofrecer los caminos para que, en la pastoral vocacional, y posteriormente en las casas de formación se consiga un aprendizaje más puntual, que propicie la solidez de los procesos vocacionales,
    el estilo de la publicación es así eminentemente práctico. Hemos intentado ir más allá de las discusiones sobre la diversidad de los métodos y de los prejuicios entre las escuelas espirituales para intentar una afirmación de lo esencial, incluso asumiendo el riesgo de colocarnos en una postura ecléctica. Lo que interesa es trazar un camino de aprendizaje que introduzca los jóvenes en un modo eficaz en la práctica de la oración.
    El contenido se ha estructurado en cuatro planos:


    ° El del método esencial de la oración, tal como la entendemos en su sentido práctico. Esto se desarrolla brevemente en el segundo capítulo.
    ° El de los métodos de elaboración. En concreto se han considerado cinco: la meditación, el examen, la contemplación, la oración simple y la oración en la vida ordinaria. Es muy discutible la estructuración y clasificación de los métodos, pero esta distribución nos ha parecido el camino concreto para presentarlos.
    ° El tercer plano es el de las formas de orar. Se distinguen de los métodos en que son más específicas. Se describen 23 formas de hacer oración que se distribuyen en los capítulos 3 al 7, clasificados en el marco de aquellos cinco métodos para la oración. Esta clasificación puede resultar en algunos momentos artificial.
    ° El cuarto plano es el de las oraciones más comunes. Hemos querido incluir este cuarto plano porque nos damos cuenta de que muchos de nuestros jóvenes con inquietudes vocacionales e incluso de los formados no tienen acceso a estas oraciones de la Iglesia. También se han incluido para que puedan ser meditadas siguiendo el texto impreso.
    No nos queda sino alertar al lector o lectora para que emprenda con alegría el camino de la oración, en la inteligencia de que la presentación de estos métodos no es más que un instrumento para que cada uno de ellos cheque a configurar su propio método para orar y sus formas preferidas de acercarse a Dios por medio de la oración.
    Tocar el tema de la oración y su método implica, casi ineludiblemente, abordar diversos modos de orar, que a su vez se enmarcan en escuelas o corrientes espirituales. Queremos colocarnos en una postura neutral en lo que se refiere a estas escuelas o tendencias para resaltar, con sencillez y casi con simplicidad, lo que hay de común entre todos los métodos de oración. Es el objetivo del presente capítulo: establecer un fundamento desde el cual puedas emprender prácticamente el camino de la oración. Posteriormente se recurrirá a lo más significativo de esas escuelas espirituales, para presentar diversos modos de orar, siempre desde una perspectiva complementaria. Así distinguimos tres elementos: la oración, el método de la oración y los modos de orar. La oración consiste en situarse en una relación viva de diálogo con Dios. El método viene constituido por los pasos que se dan para garantizar que esta relación sea real y profunda. Este método se aplica en diversos modos de orar, configurados por la materia de la oración, las facultades del hombre que hora y las circunstancias en las que se realiza esa oración.


    Es obligado definir la oración. Su raíz etimológica: os-oris, que significa besar, nos remite, de un modo inmediato, a una relación amorosa. Así la oración es una relación actual con Dios por medio de la cual se expresa el amor. Un amor que, como se verá, tiene un sentido a la vez ascendente, amor a Dios, y descendente, amor de Dios. lo que parece esencial es que realmente se exprese lo que ocurre en el corazón, lo cual suponía intimidad, profundidad, disponibilidad… Por un lado, lo que hay en el corazón del hombre: sus sentimientos religiosos, sus valores, convicciones y compromisos, sus determinaciones y sus necesidades; en síntesis, toda su realidad personal que se abre a la relación. Por otro lado, lo que hay en el corazón de Dios: su amor eterno, su sabiduría, su solidaridad; rasgos del corazón de Dios que, para los cristianos, los han sido revelados a través de su palabra. Será así necesario dejar hablar a Dios y dejar hablar al hombre, y que se encuentren en la oración. La doble actividad del orante es por ello el silencio y la palabra; la escucha y ese volcar el corazón que se da en toda relación amorosa.


    A tal expresión, se puede llegar por muy diversos caminos y desde distintas religiones. Nos interesa que el amor se exprese de un modo amplio, no sólo por breves expresiones, como el acto de encender una vela, sino a través de una serie de actos concatenados lógicamente. Esta idea nos sitúa en la importancia de ampliar un método. La oración es un valioso patrimonio de la humanidad. Constituyen un fondo espiritual que es una gran riqueza de los pueblos y de las diversas culturas. Una persona es más plena y, por lo tanto, responde mejor a su vocación, cuando ha adquirido su capacidad de silencio, de introspección y apertura a la trascendencia, cuando es capaz de orar. Partimos de un reconocimiento amplio de esta pluralidad de caminos y de experiencias espirituales. En todas ellas, lo realmente importante no es lo que ocurre al interior de los momentos de oración, sino como la vida del orante se ve iluminada afectada y transformada con nuevos criterios, que proceden precisamente de su unión con Dios. Así no nos acercamos a la definición de la espiritualidad. Consiste en un vivir de acuerdo a principios y valores espirituales, los cuales, evidentemente, son nutridos en la oración, pero no se reducen a los espacios concretos de la oración, sino que deben de exportarse en la vida cotidiana. Si hablamos espiritualidad cristiana, esos principios y valores heraldos del Evangelio y los que muestran los ejemplos de Cristo ciertamente contemplados en la oración, pero que han de ponerse en práctica para que el hombre llegue a ser discípulo.
    Pero queremos colocarnos en la tesitura específica de la oración cristiana. Consiste, según el principio evangélico, en comprender las palabras de Cristo e intentar ponerlas en práctica (Lc 6, 46-49), las cuales se nos hacen accesibles a través de la escritura, que lógicamente ocupa un puesto central en la actividad orante del cristiano. Conviene subrayar otro del dato evangélico: no se trata de cualquier tipo de relación con Dios, sino de una intimidad confiada, perseverante y profunda, que toca el corazón (Lc 11.1-13), que vivió de un modo modélico el mismo Jesucristo y queda bien reflejada en la enseñanza del Padre Nuestro. Brevemente, podemos decir que la oración cristiana es, en su esencia, una vinculación íntima con Cristo que se funda en la escucha de su palabra. La famosa definición de Santa Teresa: “orar es estar con quien sabemos nos ama”, queda interpretada desde este punto de vista. Parafraseando, quedaría: “orar es permanecer ante Cristo que habla, en una escucha atenta de su palabra, reconocida, en todo su poder, como comunicación amorosa en el hoy de nuestra existencia”. Evidentemente este tipo de oración, centrada en la escucha de la palabra, conduce al discernimiento, es decir, a ponerla en práctica en las condiciones de vida de cada uno. Al final es ésta la definición del cristianismo como discípulo de Jesús.


    La definición de la oración nos mete enseguida la cuestión de los métodos. Desde esta perspectiva evangélica, los métodos para la oración son muy parecidos entre sí. Consisten en algún procedimiento para llevar la palabra de Dios al corazón del creyente y, desde éste experiencia más o menos profunda, transformar sus actitudes. En el método lo más importante no es la fidelidad a los pasos que se proponen, sino que se consiga el fin: la palabra en tu corazón. Prácticamente todos los métodos parten del sentido literal del texto bíblico, para suscitar una respuesta que brota del interior y sólo es posible después de una prolongada. Los métodos cristianos se distinguen de los métodos no cristianos en que la consideración de la palabra es su objeto preciso y por ello es la mediación más importante que utiliza. Otros métodos de oración pretenden conseguir una tranquilidad interior, una elevación. Todo esto se da en la oración cristiana, pero tenemos especial interés en el modo específico como la palabra de Dios se hace parte de la vida del creyente, porque tal ejercicio es, según la doctrina evangélica, el que capacita a los creyentes para que lleguen a ser discípulos del señor y por ello a definir un camino vocacional en su seguimiento. Se trata de edificar la propia interioridad a través de la reiterada escucha de la palabra, una interioridad tejida de valores evangélicos.
    También existe una oración cristiana que no tiene su centro en la palabra. Un ejemplo es la oración sencilla de tantas personas profundamente creyentes, que levantan sus ojos a Dios y ponen en su presencia las circunstancias de su vida. También estarán las devociones, como las jaculatorias, las novelas, en Rosario, el viacrucis, etc. estos modos de hacer oración adquieren una gran popularidad sobre todo entre las personas que por algún motivo no tenían acceso a la palabra de Dios. Sin embargo, hay que señalar que todos ellos, por sencillos que sean, pueden y deben impregnarse del contenido y del espíritu de la palabra y así adquiere una mayor profundidad y una más clara identidad cristiana. Un ejemplo claro es el del Rosario. Su sentido más profundo tiene que ver con la contemplación de los misterios revelados. Cuando se subraya esto, desde el conocimiento de esos misterios, adquiere una mayor profundidad y se convierte en un camino de discernimiento. Pero puede ocurrir lo contrario que el Rosario, utilizado de cualquier manera, se llegue a convertir en una especie de amuleto, que poco o nada tiene que ver con la dinámica del ser cristiano o discípulo del señor.


    Los jóvenes que se plantean la vocación sacerdotal o religiosa necesitan aprender una oración centrada en la palabra de Dios. Los documentos sobre la formación perfilan bien el tipo de oración que hay que garantizar para esta porción tan especial de la juventud cristiana: vida espiritual entendida como relación y comunión con Dios (PDV 45). Aprendan a vivir en trato familiar y asiduo con el padre. Habituarse a unirse a él como amigos, en el consorcio íntimo de toda su vida (OT 8). Aun podemos recurrir a la distinción entre la oración vocal y la oración mental. El lenguaje distingue entre restar y orar. Ambas son acciones espirituales, las dos nos interesan y deben integrarse en un solo proceso, pero queremos poner toda la atención a la segunda porque ella es la que nos acercan más eficazmente a la palabra de Dios. En el corazón del Evangelio está la enseñanza de que no son las palabras lo que interesa en la oración, sin el compromiso del corazón. Al proponer los modos de orar se sugerirán la manera de integrar también, la oración vocal.
    El método de la oración tiene que ver con los dos elementos que entran en juego: el hombre o la mujer que ora y la palabra que quiere considerar, a través de la cual se relaciona con Dios. Estos dos elementos pueden ser vistos a través de un camino o itinerario; lo que ocurre a lo largo de un tiempo más o menos prolongado de oración. En concreto se perfilan unos pasos esenciales:

     

    • La preparación remota. Es necesario que la persona que va a orar este, preparada y dispuesta para ello. En esta preparación personal, vieron los santos la clave del éxito en la oración. Porque Dios, que es padre bueno, siempre está dispuesto a llenarnos de sus dones si de nuestra parte encuentre la disposición adecuada. Una preparación que implica a toda la persona, desde el plano físico hasta el afectivo y el racional. Rodea tus momentos de oración de un cuidado especial, de modo que, por una serie de actos, mejores tu disposición para un encuentro que consideras trascendente. Esta preparación incluye también una selección de los textos bíblicos. Hay que elegir una buena traducción, y garantizar que sea entendible para la persona que ora desde las condiciones de su lenguaje y de su cultura bíblica. Es necesario seleccionar los textos y el modo de orar que es adecuado para la consideración orante de esos textos. Por ejemplo, no cualquier texto vale para la contemplación o para el examen de los pecados. Por último, hay que preparar una serie de materiales para la oración: la Biblia, un cuaderno, algo con que escribir, etc. las personas que habitualmente oran tienen un lugar especial para hacerlo y han cultivado hábitos en torno a esta disposición. Tener la Biblia en un lugar especial, seleccionar los textos con tiempo, contar con música grabada o con himnos o poemas que puedan ayudar, también con una imagen que alcance a entrar en oración. Todo lo que se diga sobre esta preparación es poco, porque es el elemento que condiciona todo lo demás.
    • En el momento de obrar, es importante que la persona que ora llegue a conocerse a sí misma, de modo que, al momento de orar, vaya descubriendo las trampas y los obstáculos que su misma personalidad pone ante la presencia de Dios y ante la palabra que le cuestiona o le compromete. Cada día crecerá su capacidad de poner atención y de criticar sus propias actitudes defensivas. Estas actitudes pueden poner un obstáculo grande, por ejemplo: el miedo al compromiso; el bloqueo de quien dice que no entiende los textos; la justificación del propio comportamiento, etc. las defensas surgen con fuerza porque se está tocando la vida misma de la persona. En este momento es fundamental que cuente con una metodología para discurrir sobre el texto bíblico, con pasos bien definidos, de modo que vaya aprendiendo a hacer una consideración profunda de lo que le y lo vaya aplicando, de un modo objetivo y razonable, a las circunstancias de su vida. Los métodos de oración proponen en modo de dar estos pasos.
    • Hacia el final de la oración, la persona orante necesita adquirir una capacidad grande de implicarse o de comprometerse en torno a la palabra que ha escuchado. Hacia el final de la oración debe dar una respuesta personal, de modo que el diálogo amoroso que sostiene con Dios a través de su palabra se haga más intenso y profundo, más personal y gratuito. Los psicólogos le llaman a esto “modo de relación íntima”; es decir, debe llegar a ser capaz de implicar todo lo que es una vinculación íntima con el señor. Para esto se requiere valentía, la disponibilidad para afectarse y comprometerse que no es nada corriente. Aquí vuelve a resonar la palabra, pero ya en sus rasgos esenciales, en su mensaje más profundo y que toca más a la persona y le muestra un camino de vida.
    • La intercesión. es el momento en que el orante presenta ante Dios las necesidades de otras personas. La oración debe llevar a un crecimiento de la sensibilidad al respecto, de modo que se habitúa a obrar con generosidad en este sentido. La palabra de Dios concretamente remite a las necesidades también concretas de las personas y de la comunidad. Cuando oramos por los demás ya les estamos haciendo un bien. La oración es así siempre un camino de solidaridad. La intimidad con Dios es fecunda cuando a su vez los abre a la relación comprometida con el prójimo. La oración de María el “Magníficat” es un estupendo ejemplo de esta actitud solidaria. También lo son las preces de la liturgia de las horas.

    En todos estos factores que implica la oración hay que plantear una enseñanza y un crecimiento, es decir, un camino pedagógico, específicamente dirigido a los jóvenes, que sea capaz de introducirlo efectivamente en una práctica asidua de oración. La oración cobra si todo su interés para los jóvenes. Me parece acertada la comparación de la oración con el laboratorio de química. Es una sesión de laboratorio, nadie se aburre y mucho menos se duerme, porque está continuamente realizando operaciones que implican su creatividad y su ingenio. Lo mismo ocurre en la oración cuando se presenta con una metodología adecuada: nadie se aburre y mucho menos se duerme, porque lo que considera es apasionante, porque está poniendo en juego aspectos importantes de su vida y de su personalidad.


    Nos interesa ahora concretar todo lo dicho en un camino practicable, es decir, en una metodología que se pueda aplicar durante un momento de oración. Tal esquema sería como la matriz de la oración que quiere dar el centro al escucha de la palabra. Lo presentamos de un modo concéntrico para señalar la dinámica propia de la oración. El esquema se cumplirá y se completará cuando se aplique a los diversos modos de orar. Por ahora lo importante es que quede claro un modo de proceder. El método que proponemos:

    • preparación remota
    • preparación próxima
    • invocación al espíritu Santo
    • consideración de la palabra de Dios
    • conversación íntima con Dios
    • oración de gratitud
    • evaluación o examen de la oración
    • revisión y diálogo con el interior espiritual

    La presentación del esquema de modo concéntrico muestra el carácter dinámico de la oración. Unos elementos suceden a los otros dando la centralidad a la consideración de la palabra y a la conversación íntima con Dios. Los dos elementos centrales (d y d’) constituyen el núcleo más esencial de la oración y por ello es lo que se lleva más tiempo y más energías de la persona orante.
    Los dos elementos siguientes (c y c’) supone la conciencia de que es el espíritu quien ora en nosotros, de que en la oración todo esto gratuito de Dios. Los elementos (b y b’) cuidan en la disposición inmediata para la oración. Los elementos (a y a’) proponen una programación y revisión de la oración en un sentido más amplio.
    Como veremos más adelante, los diversos modos de orar se sitúan fácilmente en este esquema esencial. Es el esquema que podemos considerar para la oración mental en el plano específico de la consideración de la palabra de Dios. A este esquema le llamaremos el método de la oración, para distinguirlo de las formas de orar. Conviene que te acostumbres a un esquema básico, de modo que sepas cómo proceder en la oración.
    Si se quiere perfilar un proceso pedagógico para el aprendizaje de este tipo de oración, sería el siguiente:

    • lo primero es adquirir el método. La persona lo va practicando hasta que le sale espontáneo. El fruto es que no tenga dudas sobre cómo proceder en la oración.
    • En un segundo momento se amplía el esquema, enriqueciéndolo con nuevas maneras de orar y nuevos elementos que lo completan. El resultado es ampliar y profundizar la práctica de la oración.
    • En un tercer momento se reduce el esquema, concentrándose en sus puntos más esenciales para conseguir una oración breve y simple. El resultado consiste en aplicar el método en circunstancias de la vida, aprendiendo a orar en todo momento.

    Se presenta así ante nuestra vista un proceso de maduración en el camino de la oración. Como en otros ámbitos pedagógicos, el defecto ha estado en pretender que se corra demasiado, sin proponer un proceso gradual de asimilación de una actividad que reviste siempre un carácter de novedad para las personas.

     

    El examen para la confesión


    Se ha dado mucho valor al sacramento de la reconciliación como tal, pero, en general, se ha dado poco volador a la preparación de la confesión. Una cosa tiene que equilibrarse con la otra. La preparación de la confesión da un ritmo muy concreto a la vida espiritual. Por eso recomendamos que la oración de examen se ejercite regularmente en torno a la preparación de la confesión. Se puede hacer, por ejemplo, una vez al mes. Dedico este examen una hora de oración, que preparo como se hace con la meditación. Éste tiempo de examen es un verdadero tiempo de oración, porque durante el mismo pongo mi vida delante de Dios para que la ilumine. Es un modo de estar con él considerando su amor.
    Selecciono un texto de la palabra de Dios que tenga carácter penitencial. En el momento de hacer ejercicio no voy a discurrir sobre el texto, que servirá más bien como un telón de fondo o una clave interpretativa, sino sobre los pecados, y lo hago en cuatro momentos:


    1. Examen de conciencia.
    Consiste en hacer una lista de los pecados, para lo que te puede servir cualquier lista de las que se presentan en los rituales. El resultado es un listado de actos y pensamientos malos y de omisiones.
    2. Dolor de los pecados.
    Se trata de ponderar los pecados, es decir, en qué medida te afecta y son significativos en tu persona. Aquí el resultado son algunas actitudes que van arraigando en tu personalidad y son contrarias a la voluntad de Dios. No se trata de sentirse mal, sino de ponderar el daño que el pecado va haciendo en tu personalidad.
    3. Propósito de enmienda.
    Hecho este esfuerzo, resulta fácil imaginar un futuro mejor. Se trata de diseñar actitudes nuevas, más libres y verdaderas, que eres capaz de proponer y te conducirían a la vida. En esto consiste la verdadera enmienda. No es un deseo vago de hacer el bien, sino un propósito concreto y firme.
    4. Penitencia.
    La penitencia no pretende satisfacer a Dios. Eso es imposible. Se dirige más bien al hombre. En este cuarto proponemos unos actos concretos que te pueden ayudar a vivir las actitudes nuevas que aparecieron en el propósito de enmienda. Los proponemos con tiempo y lugares, tan realistamente como real ha sido el pescado.
    Este examen de los pecados y las actitudes que suponen, este deseo de actitudes y de actos nuevos, la materia abundante para la confesión. A que se opongan los medios humanos que facilitan un verdadero arrepentimiento y hacen más eficaz la gracia sacramental. El penitente asume su propio papel en la realización del sacramento.

     

    Un tesoro que todos debemos poseer es la palabra de Dios, es muy importante buscar la respuesta a cada pregunta de la vida en la sagrada Escritura descubre más de la Biblia escuchando su “A B C”.

    Sólo aquí en JCP FM.

    Dj Fundador, llevando la palabra de Dios a la juventud.

     

    ©Derechos reservados JCP FM